lunes, 30 de septiembre de 2013

¡MANOS ARRIBA! SE PREPARA UN ATRACO


ARTESANOS, ARTISTAS, GALERISTAS ¡¡¡ PELIGRO !!!: 

El Estado necesitará captar 248.000 millones, un 17,7% más que en 2013.


EL DÍA 5 DE OCTUBRE ESTAREMOS CON JESÚS Y SU FAMILIA: ¡¡¡¡¡ ACUDE !!!!!

RECUERDA QUE PUEDES ESTAR CON NOSOTR@S Y CON JESÚS EL PRÓXIMO 5 DE OCTUBRE EN EL RESTAURANTE SOTOLARGO. ¡¡¡¡¡SEREMOS MUCHOS PERO NOS GUSTARÍA QUE NO FALTARAS TÚ !!!!!



viernes, 27 de septiembre de 2013

ESTAS SON NUESTRAS ARMAS: ¡SOMOS LO QUE CANTAMOS!

Algunas reflexiones sobre el papel de la música en los movimientos sociales de resistencia.
Marta Pascual, Coordinadora del Área de Educación de Ecologistas en Acción. 
No hay revolución ni sueño de revolución que no esté vinculado a una música que la haya alentado y la simbolice. La música también es una potente herramienta de cohesión social, que ayuda a construir una identidad de grupo, una épica propia. En definitiva, las canciones, la música, pueden ayudar a canalizar emociones y sentimientos hacia el cambio tan necesario en nuestra sociedad.
Puerta del Sol, Madrid, mayo de 2011. La orquesta Solfónica actúa en medio de una plaza repleta de mensajes reivindicativos, de gente esperanzada, en medio de una pequeña ciudad indignada. Cuando terminan agitan en alto violines, flautas, partituras y corean “estas son nuestras armas”. No muy lejos el cordón policial observa atento.
Estadio de Chile. Septiembre de 1973. Cinco mil presos y presas custodiados por el ejército se hacinan en una inmensa prisión improvisada. Allí está Víctor Jara. No es terrorista ni guerrillero. Es dramaturgo y músico. Le torturan y le golpean con saña el cuerpo y las manos de tocar la guitarra. Finalmente es asesinado junto con otras muchas personas. Tienen miedo a su palabra y a su música. Saben del poder de la canción. En ambos casos la música está detrás dando fuerza, poniendo nombre y aunando voluntades.
Cantando soñamos
Cantando denunciamos, soñamos y conjuramos al miedo. A diferencia de los himnos victoriosos de los ejércitos que muestran el orgullo de la superioridad, hablamos aquí de música con voz que se enfrenta la injusticia e imagina un futuro mejor.
No hay revolución ni sueño de revolución que no esté vinculado a una música que la haya alentado y la simbolice. “Grandola Vila Morena” representa la Revolución de los Claveles en Portugal, “la Internacional” es seña de identidad del movimiento obrero, “Ay Carmela” nos trae a la memoria la defensa de la República en la Guerra Civil española.
¿Qué tiene la música que la convierte en motor o al menos en ingrediente necesario para el cambio? La música moviliza sentimientos. Cuando se une a la palabra fortalece su mensaje pues se apoya en un modo de comunicar que traspasa lo racional. Si la música habla de esperanza, hace eco en nuestro sistema emocional y empezamos a creer que es posible, igual que si habla de ilusión o de valentía. Cuando es de noche conjuramos el miedo cantando. “Venceremos, mil cadenas habrá que romper”. Cantando cogemos fuerzas y empezamos a creer posible lo improbable.
La música nos transporta, aumenta el valor de aquello que nombra, da brillo, belleza y fuerza a lo que transmite. “A galopar, hasta enterrarlos en el mar” cantaba Paco Ibáñez tomando los versos de Alberti.
Es herramienta de cohesión social. Ayuda a construir una identidad de grupo, una épica propia. Lo saben las iglesias, lo saben los ejércitos y los Estados con sus himnos. Pero también lo saben los movimientos sociales. Cantamos al unísono para hacer de muchas melodías una sola. “Todas las voces, todas, todas las manos, todas, toda la sangre puede ser canción en el viento”, dice Mercedes Sosa. La canción colectiva nos convierte en parte de un todo. Nos ayuda a sentirnos sujeto político colectivo.
Y tiene el poder de convencer. Esto lo sabe la publicidad, que nos coloca en la memoria melodías que se retienen durante toda la vida. Pero esta capacidad de hacernos llegar ideas también es conocida por los movimientos sociales. “Podemos”, parecen decir las músicas que se cantan en las revueltas. Hablan de la viabilidad de los sueños: “Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad”, defiende Labordeta. La música es fuente de empoderamiento personal y colectivo.
Todo cambio social necesita fortalecer el sentido, el por qué y el para qué, y no solo desde prácticas y argumentos. Necesita ilusionar, invitar a asumir riesgos, soñar con lo incierto. La música permite todo eso imaginando el futuro. “Y se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre construyendo para siempre su libertad”.
Cantar desobedeciendo
A veces cantar en sí mismo es una forma de desobediencia. Tiene más fuerza que el grito. Lo amplifica. Hay géneros musicales que se han convertido en banderas de resistencia. La música negra, la que cantaban los esclavos, sonaba a lamento y a denuncia. Buena parte del Rock, del Punk (Clash), del ska (Ska-P “El Libertador” Los hijos bastardos de la globalización) se convierte en bandera de la antiglobalización. El hip-hop nace como música irreverente y marginal que escupe con descaro sobre poderosos, policías, sobre la moral burguesa… (Mentenguerra “no voy a rendirme” o La Cólera de hip hop). A nivel mundial, el hip hop árabe de Líbano, Siria e incluso Irán y el africano con grupos como Positive Black Soul cumplen también ese papel. Y muchos más.
En nuestra historia reciente los cantautores supusieron un respiro de denuncia y esperanza. Paco Ibáñez, Raimon, Mikel Laboa, Luis Pastor, Lluis Llach… durante la dictadura pasaban de mano en mano (de oído en oído) en grabaciones piratas. En el momento actual se multiplican y diversifican los modos de denuncia musical: pensemos en Manu Chao o en Amparanioa. Calle 13, un grupo de Puerto Rico que hace reggeaton, canta “Nos complementamos como novios. Tu tomas agua destilada, yo agua con microbios... Tú tienes chofer, yo camino a patas. Tu comes filete, yo carne de lata”. Escuchándoles no podemos negar que la canción transmite energía. Pussy Riot, un grupo ruso de punk-rock feminista, presenta performances en que la protesta política y feminista irreverente les ha valido incluso la cárcel.
Desde el pasquín poético a la poesía social, desde el pareado cantado en una concentración al poema lírico comprometido o la acción de calle. En las manifestaciones las demandas toman enseguida forma de rimas sencillas, rítmicas y musicadas. Son mensajes condensados pero potentes: “El pueblo unido jamás será vencido”, “Lo llaman democracia y no lo es”, “Manolo Manolito, la cena tú solito”. Pareados sencillos de memorizar, a menudo inventados por cualquier persona ingeniosa con un megáfono en la mano, la nueva herramienta de la tradición oral. Esas frases cargadas de ironía o de indignación se recuerdan, se repiten y pasan a formar parte de un cancionero difuso y creciente. Cultura popular para hacerse oír en las calles.
Sevillanas indignadas que irrumpen en un banco para denunciar la avaricia dejando perplejos a los vigilantes de seguridad, bailes colectivos y multitudinarios en medio de la calle que hacen visibles problemas sociales, chotis que hablan de la privatización… Fundación Robo es un ejemplo de creación nacida de la necesidad popular de denunciar. Es un proyecto colectivo surgido al calor del 15M que satiriza acerca de la estupidez del sistema económico y político, o desacredita el consumo, con canciones como “La revolución no será televisada”, “La clase obrera dónde se ha metido” y otras muchas. Y siguen naciendo formaciones musicales cuyo horizonte es la denuncia. Canción colectiva con vocación de politizar la vida.
El cambio cultural llega a menudo de la mano de la música, que abandera luchas concretas, denuncias cotidianas en guerras de baja intensidad. Desmonta herramientas del poder: la violencia contra las mujeres (“Malo eres. No se daña a quien se quiere”, dice Bebe), el militarismo (“Haz turismo invadiendo un país”, de Celtas Cortos), la destrucción ambiental (Macaco en su disco Madre Tierra) o la solidaridad con pueblos en lucha (Pedro Guerra en su canción Chiapas: “Y mire lo que son las cosas, porque para que nos vieran nos tapamos el rostro, para que nos nombraran nos negamos el nombre, apostamos el presente para tener futuro, y para vivir, morimos”).
La canción es portadora de memoria. “Papá cuéntame otra vez” insiste Ismael Serrano. Los tiempos oscuros, la clandestinidad, necesitan de la memoria. A veces se canta con medias palabras, a menudo envueltas en la ironía y la burla. La potencia crítica de la canción satírica, la capacidad de ridiculizar convierte la canción en una forma de escaramuza artística. “Para ser dama de beneficencia en color caca tejemos con paciencia. Así los pobres a misa de once irán y con la gente no se confundirán”, cantaba Nacha Guevara. Carlos Cano, en La Murga de los Currelantes, daba al cacique “pico, pala, chim-pún y a currelar”. Igual que se hace contrapublicidad también se pueden hacer contra-himnos: “Como una ola el PP llego a mi vida, como una ola de destrucción masiva” y enlazar el humor con la música.
Somos lo que cantamos
Hoy buscamos canciones que acompañen y empujen el cambio. La orquesta Solfónica, un grupo instrumental y coral que se creó al calor del 15M y sigue cantando en Madrid en las manifestaciones, ha puesto música al movimiento indignado. Con versiones adaptadas de los cuatro muleros (“De la puerta del sol, mamita mía, nadie se marcha”) es capaz de transmitir entereza y calma. “Represión, violencia o miedo no nos han de amedrentar. Jamás la cobardía dio a algún pueblo dignidad. Yo quiero otro mundo. ¿Te unes conmigo a luchar?”. Muchos otros grupos conocidos, muchas personas anónimas hacen cancioneros que ruedan por correos electrónicos para corear en acciones de calle.
Y se multiplican las versiones anónimas de otras canciones populares que permiten denunciar coreando en grupo: “¿A quién le importan nuestros derechos?, ¿a quién le importan nuestros anhelos?, esto es así, te tienes que callar y nunca protestar”.
Cuando se pierde la memoria las canciones permanecen. Somos responsables de nuestras canciones. Somos lo que comemos, somos lo que respiramos, pero también terminamos por ser lo que cantamos. Sólo construiremos aquello que podamos imaginar. Para construirlo, para imaginarlo, cantémoslo

Auge de los medios alternativos

Suponen una forma de construir la realidad libre de las convenciones e intereses de los medios tradicionales.

Ricard Arís y Mariola Olcina, Ágora Sol Radio.
“La verdad es que la gente todavía quiere los contactos vecino a vecino, pero las formas tradicionales de hacerlo no encajan en la vida que la gente está viviendo hoy en día, y ahí radica el éxito de los medios alternativos” 
Antonio Martínez Velázquez

Es difícil poner fecha exacta a la aparición de los medios ‘alternativos’; algunos de ellos llevan incluso décadas. En la actualidad, la arquitectura abierta que han ido adquiriendo algunos espacios en Internet y el desarrollo de licencias libres, hace más fácil el surgimiento de nuevos proyectos comunicativos. Este artículo pretende poner de relieve por qué los medios alternativos, tanto los pioneros como los más recientes, son una alternativa real y ética al periodismo inmediato sujeto a intereses comerciales.
Aún sigue habiendo debate sobre cómo denominar a estos medios. La etiqueta de alternativos podría explicarse como “el distanciamiento respecto al modelo mediático hegemónico y su superación política de la mano de políticas rupturistas, antisistémicas y contrahegemónicas” [1]. Pero más importante que el cómo denominarlos, es la predeterminación con la que han surgido: para democratizar la información y, por tanto, como espacios de crítica organizada al capitalismo.
Recordando a las radios piratas que sobrevivieron a la censura emitiendo desde aguas internacionales, los medios alternativos siguen superando obstáculos de todo tipo. La privatización del espacio radioeléctrico y la concesión de licencias al mejor postor por parte de las Administraciones, son algunos de ellos.
En el último año y medio, una buena cantidad de proyectos comunicativos han aparecido para ofrecer información que ha sido silenciada debido a intereses empresariales o políticos y para devolver al periodismo su dignidad. Así pues, además de ser espacios para el replanteamiento crítico de los propios medios de comunicación, apuestan por la contrainformación para vigilar a los poderes políticos e higienizar la democracia.
Inteligencia colectiva
Los medios alternativos ven la elaboración de información como algo inherente a una comunidad que comparte ciertas ideas y sensibilidades. De hecho, muchas veces son tildados de “poco objetivos” por presentar una clara ideología anticapitalista. Pero, la noción de que el periodismo esté vinculado a una comunidad ideológica no implica su descrédito, de hecho “puede ser tan valioso como el viejo modelo de objetividad, si se aborda con rigor y respeto a la verdad” [2].
La creación de un medio alternativo puede darse de distintas formas: puede ser puesto en marcha por un medio tradicional, puede ser iniciativa de ex-integrantes de los medios de comunicación comerciales, o puede ser construido por personas o colectivos ajenos al periodismo. En la realidad, estas categorías no se producen de manera estanca, sino que se dan modelos híbridos en los cuales podemos encontrar una interesante mezcla entre periodistas –profesionales o estudiantes– y ciudadanas que deciden pasar de ser meras receptoras de información a adoptar un rol más activo dentro del proceso comunicacional. Así se convierten en nuevos sujetos revolucionarios llamados Emirec [3], donde el receptor es también emisor, y viceversa.
Esta visión de colectividad en la construcción de los medios alternativos es imprescindible porque empodera a la ciudadanía y ofrece una nueva vía, alejada de intereses lucrativos, para conocer lo que pasa en el mundo, además de que reconoce el conocimiento o experiencia de la comunidad que lo produce.
Asimismo, se están creando redes de cooperación entre estos medios alternativos donde no sólo se comparten contenidos sino que la sinergia se materializa al compartir un mismo fin. En este contexto se establece una agenda setting desde y para la ciudadanía, que reta, de alguna manera, el monopolio de los medios comerciales.
Sostenibilidad social
Se suele decir que un medio alternativo no es sostenible porque no es “rentable”. Normalmente, un medio alternativo de ideología anticapitalista no se apoya en un modelo de financiación a través de la publicidad ni acepta donaciones externas, para no poner en entredicho su independencia. Desde esta perspectiva, no habría nada más que discutir. Según Alfonso Gumucio, son pocas las experiencias que han sobrevivido sin apoyo externo: “Casi todas tienen el respaldo económico de instituciones de la sociedad civil”, dice en su libro Haciendo olas: comunicación participativa para el cambio social, después de constatar que las cincuenta experiencias retratadas dependen de aportes económicos externos.
Pero, ¿qué es rentable? Si partimos de la idea de que la principal diferenciación entre los medios privados comerciales y los medios alternativos comunitarios es que estos últimos no persiguen fines lucrativos, sino culturales y educativos, igual de importante que la sostenibilidad económica, serán otros tipos de sostenibilidad. Alfonso Gumucio añade a la ecuación dos tipos más de sostenibilidad: la institucional, la que tiene que ver con el marco legal existente, un importante condicionante para que una experiencia pueda desarrollarse sin censura y sin presiones externas. Por otra parte, ningún proceso de comunicación comunitario puede ser sostenible si no cuenta con el respaldo de la comunidad, como ya se ha dicho. Este tercer aspecto de la sostenibilidad consiste en representar, tanto en la programación como en la política informativa, las aspiraciones de su audiencia. Esto será lo que garantice su permanencia en el tiempo y su consolidación.
La sostenibilidad de un medio alternativo pasa por la apropiación del proceso comunicacional en todos sus aspectos: organizativos, culturales y lingüísticos, y todo ello, en un contexto de fuerte homogenización cultural. Podría decirse, que los medios comunitarios tienen un papel muy importante en la defensa del derecho a la lengua y a la cultura, y eso, ¿es rentable? Es imposible responder esta cuestión; tal vez, la pregunta debería ser: ¿Se puede poner precio a la cultura?
Una comunidad, multitud de experiencias
“Creo que es precisamente esta explosión de la comunicación en el ámbito local la que hace de los medios ciudadanos herramientas para el fortalecimiento de la democracia” 
Clemencia Rodríguez

A pesar de la proyección global que proporciona a un medio el hecho de estar alojado en Internet, la mayoría prima el desarrollo de contenidos de ámbito local. Esto no quiere decir que despreocupen la información que se da lejos de donde se asienta el medio en concreto, todo lo contrario. Tratan de interpretar la realidad desde una visión amplia de temas, pero enfatizando las causas y consecuencias que los medios comerciales muchas veces tratan como algo ajeno. En este sentido, puede destacarse el movimiento del 15M como desencadenante de la puesta en marcha de diversas experiencias de comunicación participativa que atienden a estas características.
Por ejemplo, el periódico Madrid15M [4], es un medio de comunicación realizado y financiado por las asambleas populares de Madrid, a partir de un proyecto presentado por la Asamblea de Villaverde. El objetivo, según sus creadores, consiste en contrarrestar lo que consideran “una visión muchas veces interesada” sobre el movimiento. El 26 de mayo de 2011 nace Ágora Sol Radio [5] para informar sobre el movimiento y lo que sucedía en las plazas. Esta radio muestra una orgullosa herencia de las radios comunitarias que ya se abrían paso incluso cuando Internet no era una alternativa viable para la emisión de contenidos; por ello, actualmente, colabora con otras radios libres. Y en televisión, Toma la Tele [6], aparece como un espacio de unión de diferentes grupos relacionados con el audiovisual para poner en marcha un canal de televisión propio.
Otro hecho relevante que se ha dado hace bien poco, fue el cierre del periódico Público en plena crisis económica, lo cual derivó en Máspublico que se ha acabado transformando en La Marea, cuyo nombre fue elegido por la audiencia y las trabajadoras de la cooperativa. También surge la revista Mongolia [7], con algunos colaboradores cercanos a Público y una forma desenfadada de analizar la realidad.
En el ámbito de Internet, surge Karmacracy [8] que es una herramienta que posibilita evaluar la relevancia de los enlaces que sus usuarios comparten en las redes sociales de forma divertida y gratuita. También Fixmedia.org, donde cualquier ciudadano puede hackear la cadena de valor de las noticias para abrirlas al escrutinio público. Así, cualquier persona podrá reportar errores y aportar ampliaciones a las noticias de cualquier sitio online. Y estos son solo algunos de los ejemplos, pero hay muchos más.
En definitiva, los medios alternativos tienen poder para construir la realidad, oponiéndose a las convenciones y representaciones de los medios tradicionales, de una manera activa, crítica y, sobre todo, propositiva. La naturaleza de todos estos medios es actuar en red, con la ciudadanía y entre ellos, y esto los convierte en una tecnología social que transforma el flujo de información en movimientos sociales, o lo que es lo mismo, en comunidades activas.

Para que otra economía sea posible, otro comercio es necesario.

Gonzalo Donaire, responsable del Área de Estudios de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo. Revista El Ecologista nº 75.
Posiblemente la principal virtud del término ‘Comercio Justo’ sea el emplazamiento implícito que nos hace, la invitación a preguntarnos: si hay un comercio ‘justo’, ¿significa entonces que el resto no lo es? Efectivamente, trabajar por unas relaciones comerciales justas, horizontales y simétricas, por una producción sostenible y respetuosa con los derechos laborales, con el desarrollo social comunitario y con el entorno, implica reconocer y denunciar en la práctica que el comercio internacional convencional y dominante se sitúa en las antípodas de estos principios y prácticas. Hagamos un poco de historia reciente para ver cómo hemos llegado hasta aquí y hacia dónde vamos.
El Comercio Justo nació en la década de 1960 como alternativa frente a las injustas reglas y relaciones que regían el comercio mundial. Ya entonces, la incipiente mundialización económica se caracterizaba por una creciente degradación de las relaciones comerciales internacionales y por los intentos de los países del Norte –enriquecidos en gran medida por este desequilibrio comercial– de compensar parcialmente estas desigualdades con ayudas al desarrollo. La respuesta unitaria de numerosos países del Sur fue tan contundente como clara: “comercio, no ayuda”. Desde entonces, multitud de iniciativas, tanto en el Norte como en el Sur, han recogido este testigo y dado forma diversa a este objetivo de transformación social a partir de una estrategia de justicia comercial y económica. En la actualidad, se estima que 1,5 millones de productores de más de 50 países trabajan en el marco de este sistema comercial alternativo, lo cual supone más de 5 millones de beneficiarios directos y muchos más si contásemos los impactos indirectos y diferidos del Comercio Justo. Las ventas que se derivan de esta producción facturaron en 2011 más de 5.500 millones de euros en todo el mundo.
26 millones de euros al año
En el Estado español, hubo que esperar a finales de la década de 1980 para ver aparecer las primeras iniciativas de Comercio Justo. Desde entonces, asistimos a un crecimiento sostenido de las ventas de este tipo de productos, en paralelo a la paulatina consolidación de este movimiento. En la última década la facturación se ha cuadriplicado, llegando hasta los 26 millones de euros registrados en 2011, un 17% más que en el ejercicio anterior. Cifras sorprendentes dado el contexto actual de crisis sistémica. ¿Significa esto que el Comercio Justo es insensible a su entorno socio-económico? Nada más lejos de la realidad. Como suele ocurrir con todas las cifras agregadas, estos datos de venta esconden múltiples matices que conviene desgranar y señalar para comprender la situación actual y desafíos a los que se enfrentará el Comercio Justo en los próximos años.
En primer lugar, partíamos de niveles muy bajos, prácticamente iniciáticos. Por lo tanto, resulta lógico que esta fase de recuperación del desfase inicial de más de dos décadas se caracterice por importantes niveles de crecimiento y lenta pero progresiva convergencia con los niveles de venta de países de nuestro entorno donde el Comercio Justo cuenta con una experiencia más dilatada. Aun así, los 55 céntimos de euro anuales que gastamos de media en el Estado español en comprar productos de Comercio Justo apenas representan una décima parte de los niveles de consumo medios europeos, y están a años luz de las experiencias más consolidadas. Mucho camino aún por recorrer, lo cual significa también un enorme margen de mejora por delante.
Luces y sombras
En segundo lugar, este crecimiento de las ventas tiene tres grandes luces, que esconden a su vez tres sombras complementarias: se apoya en un aumento de las ventas de productos alimenticios, escondiendo una caída importante de las artesanías que ya va camino de convertirse en una profunda tendencia; crece la comercialización en supermercados, grandes superficies, hostelería y vending, mientras que caen las ventas en el pequeño comercio, incluyendo las tiendas de Comercio Justo; en fin, el grueso de las nuevas ventas las realizan empresas convencionales que en los últimos años han decidido certificar con el sello Fairtrade una parte de sus productos, mientras que las importadoras de Comercio Justo ven como su facturación sigue decreciendo.
De esta forma, el crecimiento en las ventas se ha acompañado de una mutación sustancial: el Comercio Justo en España es hoy más diverso, plural y complejo. Han entrado en escena nuevos canales de distribución, nuevos actores, nuevos productos bajo nuevos formatos, nuevos y más variados perfiles de consumidores. El relato tradicional al que estábamos acostumbrados (el consumidor-activista responsable y muy concienciado que acudía a su tienda de Comercio Justo) se ha desbordado: sigue existiendo, pero convive con una realidad más compleja y va perdiendo peso relativo a medida que nuevas piezas se incorporan al puzzle.
Si crisis es cambio, también lo es para el Comercio Justo, ya sea por las alteraciones que está sufriendo internamente o por el impacto que tienen procesos más amplios que superan su radio de acción: cambios en las pautas generales de consumo de la población, crisis del pequeño comercio de cercanía, reordenación de las preferencias presupuestarias de los hogares a raíz de la crisis, etc. Como en otros ámbitos, lo importante no es tanto vislumbrar cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos: con qué tipo de Comercio Justo y, más allá de sus estrechas fronteras, con qué comercio internacional.
Cambios que implican desafíos y que abren debates. He aquí algunas preguntas que hoy están sobre la mesa: ¿aumentar las ventas a cualquier precio? ¿Más es siempre mejor? ¿Cómo nos dirigimos a perfiles cada vez más diversos de potenciales consumidores? ¿Qué relación queremos impulsar entre el Comercio Justo y otras iniciativas de economía social y solidaria? ¿Seguimos llamando “Comercio Justo” al realizado localmente en el Norte siguiendo los mismos principios? ¿Qué papel queremos que jueguen otros actores como la Administración Pública o las empresas? ¿Cómo garantizamos que un producto es “justo” sin caer en el dilema “laxitud y riesgo de intrusismo” o “criterios estrictos y encierro autorreferencial”?
Cambiar el comercio injusto
En cualquier caso, la evolución de las ventas, los análisis cuantitativos y la dimensión comercial no pueden hacernos olvidar dos ideas fundamentales: en primer lugar, que el Comercio Justo es mucho más que comercialización de productos justos. Desde su origen cuenta con otros dos pilares fundamentales: por un lado la sensibilización y formación ciudadana y, por otro, la denuncia, movilización social e incidencia política. Es en la complementariedad de estos tres ejes donde reside su potencial. El Comercio Justo no nació para ser una isla cada vez más grande en un mar de injusticias, ni para ser una excepción a una injusta e insoportable regla, sino para cambiar de raíz las injustas reglas y prácticas que rigen el comercio mundial. Que un día todo el comercio sea justo para que no haga falta un Comercio Justo.
La segunda idea-fuerza se refiere a nuestro entorno: ¿qué hay del comercio injusto? ¿Suben o bajan sus ventas? El Comercio Justo tiene un impacto decidido en la vida de millones de personas, pero apenas perceptible al lado del efecto que provoca sobre cientos, incluso miles de millones de personas, la firma de un acuerdo comercial entre una potencia del Norte y un grupo de países empobrecidos, o la modificación de una normativa en el seno de la Organización Mundial del Comercio. Actualmente la Unión Europea está negociando numerosos Acuerdos de Asociación con decenas de países del Sur, a través de los cuales pretende abrir nuevas oportunidades de negocio para los intereses del capital transnacional con sede en alguno de sus Estados miembro. El impacto sobre millones de personas, tanto en el Norte como en el Sur, será decisivo y determinará las posibilidades de impulsar alternativas comerciales y económicas o, por el contrario, de adentrarnos aún más por la senda que nos ha llevado a la actual crisis sistémica.
Una crisis es también el tiempo de la palabra, de posicionarnos, tomar partido y salir de la indiferencia. No podemos quedarnos callados ante decisiones que condicionarán nuestro futuro y el del Planeta. Es la hora de alzar la voz: qué mundo queremos, qué relaciones comerciales Norte-Sur, qué formas de consumo, qué comercio para qué desarrollo y para qué economía. No nos hagamos trampas: si no es justo, es comercio injusto.

DECRECIMIENTO COMO HERRAMIENTA POLÍTICA

Sin duda, la mirada política del decrecimiento tiene la virtud de abrir un espacio, un vivero de ideas teóricas y buenas práctica subversivas, recuperadas algunas e innovadoras otras, para entender, afrontar y transformar un futuro catastrófico cada vez más cercano.
Cada vez somos más quienes pensamos que ante una situación caracterizada por una crisis ecológica, económica, sociopolítica y de cuidados, los movimientos transformadores necesitamos encarar nuevas preguntas, nuevas respuestas y nuevos caminos para la acción.
Está permitido pensar de nuevo y, por ello, un creciente número de personas y movimientos están empezando a utilizar el decrecimiento no solo para vivir acorde con sus principios de simplicidad voluntaria, sino también para organizarse, reflexionar y aportar propuestas concretas de cambio colectivo. Una parte de los movimientos sociales han otorgado al decrecimiento un papel de herramienta política válida y eficaz que orienta un trabajo de lucha contra este capitalismo desarrollista y brutal basado en los mercados de futuro, el beneficio y la explotación de personas y cosas.
La suficiencia y el “menos para vivir mejor” son los lemas que el decrecimiento sostenible opone a la resignación del caos capitalista y sus crisis endémicas. En un planeta finito es necesaria la autolimitación para un “buen vivir”… de todo el planeta.
Sin duda, la virtud de la mirada política del decrecimiento es la de abrir un espacio, un vivero de ideas teóricas y buenas práctica subversivas, recuperadas algunas e innovadoras otras, para entender, afrontar y transformar un futuro catastrófico cada vez más cercano. Así, puede aportar elementos centrales para el futuro como:
  • Una reconceptualización de aspectos como el desarrollo, el trabajo o la riqueza, y una profundización y rescate de otros como la justicia social o la democracia radical, basados en las economías alternativas y el ecofeminismo.
  • Propuestas novedosas desde la justicia ambiental y las relaciones Norte-Sur centradas en un decrecimiento selectivo y justo de los países del Norte que elimine los efectos de la anticooperación, y un desarrollo socio-ecológicamente eficiente para los países del Sur.
  • La apuesta por modelos relacionales, de vínculo y lazo social, urbanísticos y energéticos como las ciudades en transición o las cooperativas integrales.
  • El valor de la coherencia entre el comportamiento individual y la acción colectiva, así como una necesaria revolución cultural: si el estado está perdiendo legitimidad, buscar respuestas comunes que hagan universales los derechos básicos.
  • Un puente entre sociedad y espacios de transformación social, y la creación de un nexo estratégico entre partidos, agentes sociales y movimientos verdes, anticapitalistas, feministas y ecosocialistas, rompiendo resistencias y prejuicios, desde la democracia de base.

MONEDAS SOCIALES

Una herramienta cada vez más utilizada para dar poder a las comunidades.

Julio Gisbert Quero, autor de Vivir sin empleo. Trueque, bancos de tiempo, monedas sociales y otras alternativas.
Comunidades de todo el mundo están utilizando cada vez más una herramienta de empoderamiento original y práctica: la creación de dinero social. Su objetivo no solo es el de facilitar la vida a numerosas personas con acceso restringido al dinero oficial, sino también convertirse en facilitadores de otras formas de consumo y producción locales más sostenibles y a escala humana.
Por dinero social o local –según lo denominan distintos autores– entendemos aquellas experiencias monetarias de carácter local que históricamente surgieron en situaciones de escasez o ausencia de dinero oficial o legal –fruto de agudas crisis económicas o procesos bélicos– con el objetivo de facilitar el comercio o intercambio de bienes y servicios (denominado en estos casos también como dinero de emergencia), o bien aquellas iniciativas que desde los años 80 del siglo pasado y hasta la fecha han ido apareciendo como experiencias complementarias o alternativas a las monedas nacionales de curso legal, fundamentalmente para la promoción del comercio y la economía locales en el caso de economías desarrolladas o para poder sustituir a las monedas nacionales en casos de economías más pobres. De este modo, se ofrecen otras alternativas económicas y sociales al actual sistema, o incluso por motivos más sociales que económicos por medio de redes colaborativas y una divisa tan universal e igualitaria como es el tiempo, por medio de los denominados bancos de tiempo.
Otra denominación utilizada frecuentemente es la de dinero complementario cuando su objetivo no es sustituir a la moneda tradicional sino el complementarla al objeto de cumplir determinadas funciones sociales que la otra moneda no puede asumir, bien por sus características o simplemente por su escasez; por último, otra denominación habitual correspondería a la de comunitarias, en el sentido que algunas de ellas han surgido de pequeñas comunidades para resolver determinados problemas sociales y de convivencia, o bien como una herramienta más para optimizar la gestión e intercambio de sus recursos.
Actualmente el dinero social se implementa bien para fomentar y potenciar la economía local, bien para resolver determinados problemas sociales, de salud y medioambientales mediante la consecución e intercambio de recursos que no pueden obtenerse mediante la economía formal. Las clasificaciones y tipologías son muy numerosas y diversas por parte de los investigadores de este tipo de monedas, pues el fenómeno es, aparte de variado, muy diferente en sus concepciones, usos y fines (algún autor habla de más de cincuenta tipos diferentes y más de cinco mil experiencias en todo el mundo). En este artículo por su limitada extensión nos limitaremos a explicar brevemente la naturaleza más básica de estas iniciativas económicas populares.
Características de las monedas sociales
Las principales características de las monedas sociales son:
- Se basan en el principio de la abundancia de los recursos de una comunidad y de la capacidad creativa, artística, manual e intelectual de todos sus integrantes, ya sean niños, mayores, jóvenes, asalariados, parados, amas de casa, comerciantes, etc. No hacen en principio excepción a nadie de la posibilidad de participar en esta experiencia económica local, tanto como consumidores como productores de bienes y servicios susceptibles de ser intercambiados, adquiridos o vendidos con este tipo de moneda.
- Las monedas sociales son experiencias locales que por sí mismas fomentan el sentido comunitario pues sólo circulan dentro de un área geográfica determinada, lo que impide que los recursos generados por esta economía salgan fuera de la comunidad y permite que se reinviertan de nuevo en ella.
- En general no desafían al dinero de curso legal (monedas complementarias): en ocasiones tienen la misma paridad que la moneda nacional, por lo que no tienen problema en poder valorar tanto bienes y servicios de la economía formal, lo que facilita su uso a la gente e incluso cualquier fiscalidad que pueda imponerse por parte de las autoridades. Los bienes localmente producidos pueden usar una combinación de moneda nacional y comunitaria, o solo en la moneda comunitaria, conforme decidan vendedor y el comprador en cada acto de compraventa.
- No son monedas con las que se pueda especular ni están sujetas a intereses (con algunas excepciones). Además, pueden sufrir una tasa de interés negativa por su no utilización que se denomina oxidación (creada por el economista germano-argentino Silvio Gesell a principios del siglo pasado), que penaliza el no uso y la acumulación del dinero con una pérdida de valor continua en el tiempo. Esto provoca la necesidad de su uso continuo y de su circulación ininterrumpida para mantener su valor y para seguir dinamizando la economía local.
- Son legales en numerosos países y en algunos casos estos sistemas son sostenidos activamente por los propios gobiernos, siempre bajo la consideración de la utilidad social que se les presupone y el buen uso que se haga de los mismos, y en ocasiones son corporaciones locales e incluso entidades financieras quienes los soportan y ayudan financiera y técnicamente.
¿Cómo crear una moneda social?
1º. Se busca con el consenso de todos los implicados –personas y/o instituciones (comercios, ayuntamientos, empresas, etc.)– una moneda con una denominación generalmente relacionada con la localidad o entorno (fin identitario), o bien con sus características propias, y se definen unos objetivos claros y concretos de la iniciativa: creación de redes vecinales; conciliación laboral, personal y familiar; sentimiento identitario de la comunidad; reciclaje, reutilización y reducción de consumo; desarrollo del comercio local de proximidad; acceso a productos y servicios a colectivos sin recursos; financiación local de carácter social (microcréditos/crowdfunding); creación de una economía local alternativa; unidad de intercambio en una iniciativa de Transición; creación de una Renta Básica Local en moneda social, etc.
2º. Se elige cómo crear la moneda: a partir del intercambio de servicios (bancos de tiempo); a partir del intercambio de productos y servicios (redes de trueque); intercambiándola por dinero legal; a partir del reciclaje y la reutilización; como descuento o gratificación (fiduciaria, sin soporte); a partir de la financiación colectiva de proyectos.
Los bancos de tiempo y redes de trueque aluden a la moneda social denominada de crédito mutuo, uno de las modalidades más habituales, si bien son numerosas las monedas sociales que se intercambian por dinero nacional u oficial por ser legalmente más “accesibles que las primeras” y donde sí suelen y pueden participar comerciantes locales a diferencia de la primera (con excepciones). Las experiencias de las denominadas monedas de carácter fiduciario en cambio son las más complejas si van más allá de su utilización como bono descuento, ya que si se aplican más allá del círculo de confianza de una pequeña comunidad pueden derivar en los mismos problemas del dinero oficial.
3º. Se dan atributos a esa moneda como la paridad, el soporte y los medios de pago: paridad respecto al tiempo como divisa única sería la elegida por un banco de tiempo, si bien la fórmula más sencilla “hilvanando” una inteligente red entre banco de tiempo y redes de trueque es una triple paridad tiempo - moneda social - moneda legal (ejemplo, un eco equivale a una hora y equivale a un euro, de esta manera podemos valorar tanto productos como servicios indistintamente). Respecto al soporte puede ser un billete físico o un apunte virtual en una cuenta en internet o incluso una anotación del intercambio en una libreta personal de movimientos (la plataforma surafricana CES –www.ces.org.za–es la más utilizada en España). Respecto a los medios de pago puede ser en efectivo o mediante pago electrónico a través de internet o móvil, incluso con tarjetas y datáfonos. Otra idea a considerar es la posible oxidación ya mencionada, o bien la opción de la caducidad de los billetes en el tiempo para incentivar su uso, incluso la posibilidad de poder otorgar préstamos o microcréditos.
4º. Se conviene entre todos los participantes cómo informar a todos de los bienes y servicios que se ofertan y solicitan, bien de forma puntual o periódica o a través de actos públicos periódicos como mercadillos o ferias donde se tiene la opción tanto de ofrecer productos y servicios como de obtenerlos, o bien mediante la distribución de información a todos de los comercios y negocios implicados, obviando los medios electrónicos de información cuando los hubiera (por otra parte los más habituales).
5º Deben articularse, además, mecanismos de distribución y circulación de la moneda así como de dinamización de los intercambios y de los saldos en moneda social de los participantes, ajustando periódicamente la existencia de dinero en el sistema mediante la implementación de la entrada de nuevos socios o comercios con más moneda o por otros medios que dinamicen el mercado alternativo o complementario que hayamos creado, pues no deja de ser un organismo vivo que se mantiene de la dinámica constante de intercambios entre todos los participantes prosumidores, es decir productores y consumidores, unidos en un propósito común facilitado y potenciado por nuestra moneda.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Mozart contra los recortes

Este lunes mil músicos de las 26 orquestas sinfónicas que hay en España tocan a la vez en un concierto simultáneo en 16 ciudades para reivindicar un "pacto por la cultura" y su propia supervivencia


Corren malos tiempos para la cultura: los recortes mandan y la subida del llamado IVA cultural ha terminado de rematar la faena. Los tiempos son tremendamente difíciles para todos los artistas, en todas las disciplinas. Pero hay un colectivo especialmente afectado, el de las orquestas sinfónicas, alguna de las cuales corre el riesgo de desaparecer. Dependientes casi por completo de una financiación pública, escasa en el actual contexto de recesión económica, estas grandes formaciones musicales buscan hoy nuevos públicos y nuevas vías de financiación. Pero no es fácil encontrarlas.
De hecho, la crisis ha puesto contra las cuerdas a las 26 orquestas profesionales que hay en España. "La situación es crítica", certifican desde la la Asociación de Músicos Profesionales de Orquestas Sinfónicas (AMPOS) y la sociedad de Artistas, Intérpretes y Ejecutantes (AIE). Las reducciones de plantilla se han convertido en algo habitual y las nuevas incorporaciones llegan a cuentagotas. Su continuidad, por tanto, está en serio peligro.
Pero más allá de los recortes, los músicos españoles sienten que se está cercenando la cultura.Comprenden, asumen y aceptan que hay que apretarse el cinturón, pero luchan por que la cultura y en concreto la música clásica en España no quede herida de muerte. Por eso, este lunes más de mil músicos protestarán en 16 ciudades españolas contra los recortes. Sin embargo, no saldrán a la calle con una pancarta. Su forma de protesta será algo más artística: un concierto simultáneo en las calles de esas 16 ciudades a las 19:00 horas. El repertorio seleccionado para el concierto incluye partituras de Rossini, Mozart, J. Giménez y L. Cobos y una obra que elegirá cada orquesta.
Los organizadores de la protesta alertan de que lso recortes "volverían a sumir a España en el penoso estado en que se encontraba hace 30 años" 
"La situación es peligrosa. Nos ha costado mucho lograr que haya una orquesta sinfónica en cada comunidad autónoma y algunas de esa comunidades ningunean ahora a las orquestas sinfónicas. Nos preocupan los recortes, pero para nosotros lo importante es la cultura como tal", afirma Salvador Barberá, oboé de la orquesta sinfónica de RTVE y vicepresidente de AMPOS.
Barberá denuncia algunos casos sangrantes: "En la orquesta sinfónica de Murcia han hecho un ERE temporal; en Extremadura los músicos han visto cómo se reducía un 15% su sueldo; en la orquesta del Liceu de Barcelona están negociando cómo cobrar el paro... Hay muchos casos de orquestas que sólo contratan nuevos músicos por proyectos, de gente que se jubila y que no se sabe que va a pasar con esa plaza, si se va a reponer, Hay que pelear por una estabilidad, pero sobre todo por la cultura", abunda Barberá.

"Pacto por la cultura"

Un mensaje reivindicativo que ya lanzó el presidente de AMPOS, David Morales, el pasado jueves durante la presentación del acto de protesta de este lunes: la importancia de alcanzar un "pacto por la cultura" al tiempo que clamaba por el fin de las reducciones de plantilla que, según él, amenazan con sumir a España en un "penoso" estado musical.
"Un país que se precie debe cuidar a sus orquestas para que puedan representar su cultura y su riqueza musical. El trabajo y el futuro de nuestras orquestas depende de las normas y leyes que se van creando o destruyendo, y por eso es importante alcanzar un pacto por la cultura", dijo Morales.
"Durante los últimos 30 años se ha logrado construir un plantel de gran nivel que ahora se ve amenazado con reducciones, supresiones, limitación de plantillas y planes de discontinuidad que, de llevarse a cabo, volverían a sumir a España en el penoso estado en que se encontraba hace 30 años", concluyó el presidente de AMPOS. 
Los músicos buscan también quieren aprovechar el acto para agradecer al público su asistencia a las diferentes manifestaciones musicales y hacer posible que "vocación y profesión se fundan en un mensaje humano y artístico".

Música en la calle

Este concierto reivindicativo, que se realiza a la vez en toda España, se celebra el lunes 23 de septiembre a las 19:00hrs. (18:00hrs. en Canarias) en las siguientes ciudades:
Badajoz en la Plaza de la Soledad; Barcelona en la Plaza de la Catedral; Bilbao en el Atrio de columnas de la Alhóndiga; Donostia (San Sebastián) en la Plaza Zuloaga; Granada en la Plaza Nueva; Madrid en la Plaza Isabel II; Málaga en la Plaza de la Constitución; Murcia en la Plaza del Teatro Romea; Oviedo en la Plaza de la Gesta; Las Palmas de Gran Canaria en la Plaza de los Músicos; Palma de Mallorca en la Plaza de España; Pamplona en la Plaza Consistorial; Sevilla en la Plaza Nueva; Tenerife en la Plaza del Chicharro; Valencia en la Plaza de la Virgen; Valladolid en la Plaza Mayor.

ARTE CON MENSAJE: Los 37 rostros de la desigualdad

ACNUR inaugura en el Museo Nacional de Antropología la exposición del fotógrafo Francisco Magallón 'Mujer.Todos somos una'; una mirada desde los ojos femeninos de todos los continentes contra la concepción androcéntrica del mundo

Matrimonio forzoso, mutilación genital, explotación y esclavitud sexual, violencia machista. Todos estos términos son comunes en los titulares de los medios e, inevitablemente, van asociados a la figura de la mujer.
Ser mujer nunca fue fácil. Ni siquiera en los países donde han logrado conquistar -no todos- derechos y libertades fundamentales. Sin embargo, el camino por la simple supervivencia se les presenta difícil en determinados contextos socioculturales, y de ese calvario particular sólo llegamos a conocer los casos con el desenlace más trágico: la muerte y las heridas irreversibles.
Por esta razón, el reportero gráfico Francisco Magallón, en colaboración con la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y el Museo Nacional de Antropología ha tratado de acercar los rostros de 37 mujeres de distintas partes del mundo que diariamente se enfrentan a situaciones de discriminación, desigualdad, exclusión, violencia o persecución. Unos retratos captados desde 1983  que podrán contemplarse bajo el nombre de Mujer, todos somos una en las paredes de este museo desde el 20 de septiembre hasta el 19 de enero (ver fotogalería).
"No se trata de un alarde gráfico ni de retratos bonitos", afirma el fotógrafo, "sino unas caras que pretenden concienciar de que el problema de la mujer es el de toda la sociedad", explicó durante la presentación de esta exposición temporal en el Museo Nacional de Antropología de Madrid.
Para Magallón, el título de la exposición hace referencia a esa "responsabilidad que tenemos tanto hombres como mujeres de cambiar esa visión androcéntrica del mundo que conduce a la invisibilidad de las mujeres, la negación de sus derechos y la ocultación de sus aportaciones", un estigma social para el que el único remedio que ve es la educación.

Mujer y refugiada, doble peligro

"Cruzar la frontera conlleva peligros inimaginables para las mujeres y más aún para la madres"
"La mayoría de estos peligros para la mujer se da en situaciones de conflicto armado", explica la representante del ACNUR en España, Maricela Daniel, que destaca el "aumento exponencial de los riegos" que el simple hecho de ser mujer conlleva para los refugiados y los desplazados forzosos. Daniel sostiene que "cruzar la frontera conlleva peligros inimaginables para las mujeres y más aún para la madres", y apunta que de los más de 45 millones de personas refugiadas y desplazadas en el mundo, el 80% son mujeres y niños.

Una conocedora de primera mano de lo que supone huir del país durante una guerra es Esma Kucukalic, que a los diez años abandonó su Bosnia natal, en 1992, junto a su madre y su hermana. Ahora, como periodista en el canal Córdoba Internacional TV y madre, puede explicar el miedo que pasó y que dejó plasmado en su diario. "Mi hermana tenía 21 años, una edad muy expuesta a la mirada de violadores. Mi padre murió en la guerra de los Balcanes y tanto mi madre como nosotras estábamos totalmente desamparadas, con una desprotección absoluta", relata.
"En mi país, la violencia sexual se utilizó de forma sistemática como arma de guerra y con el objetivo de humillar y llevar a cabo una limpieza étnica", recuerda esta antigua refugiada, inmortalizada en uno de los retratos de Magallón.
"La violación se utilizó en Bosnia de forma sistemática como arma de guerra" 
Es precisamente a raíz del conflicto en la antigua Yugoslavia cuando el Tribunal Penal Internacional reconoció la violación como un crimen de lesa humanidad. Sin embargo, según datos de la ONU, cerca de 1,2 millones de niños y niñas son víctimas de trata cada año, siendo el 80% de las personas con las que se trafica son mujeres y niñas.
La mutilación genital femenina afecta a 3 millones de niñas anualmente en 28 países de África, Asia y Oriente Medio. Y una de cada tres mujeres en el mundo ha sido golpeada,  maltratada u obligada a mantener relaciones sexuales a lo largo de su vida.
ACNUR ha elaborado directrices sobre persecución por motivos de género, víctimas de trata, orientación sexual e identidad de género y mutilación genital femenina que sirven de orientación legal a quienes trabajan en temas de protección internacional. Pero aún queda mucho trabajo para llegar a conseguir la igualdad de género. Mientras tanto, trabajos como el de Magallón ponen cara a estas cifras. Algunas tiene final feliz; otras ni siquiera tienen rostro.















domingo, 22 de septiembre de 2013

Por qué




“Qué gente tan mal educada
esa que escribe consignas en las paredes
de las calles que no le pertenecen”,
señalan con desprecio
los dueños de la radio y del diario.

“Qué gente tan cobarde”,
ríe bebiendo cerveza el granadero
que hace un par de horas blandió su tolete.

“Aquí no hay muertos”, dice el opresor,
mientras en los hogares velan
a los que han sido asesinados hoy.

“Ni que fuera para tanto”,
le dice él a la que fue herida,
a la que fue traicionada.

“Aquí, nada hay que te pertenezca”,
cuenta sus trece monedas
el macho que vendió a su amante.

Pareciera que aquí nadie quedó
intentando reunir los añicos de la fe.

Se atreve, el poderoso,
a dictarme silencio.
Me ordena mantenerme callada,
guardar el secreto.
Que no remueva el río,
no sea que salga a flote
el excremento que tiene dentro.

¿Por qué hablar del horror?
¿Por qué remover los escombros?
¿Por qué escribir en las paredes,
en los quicios de las puertas,
en los andenes del tren,
hasta en el pavimento,
con tiza que no renuncia,
que no cansa?

No es que no pueda yo ser feliz,
sólo es que no soporto
que se consienta el cinismo:
“Aquí no ha ocurrido nada”.

Sólo es que no tolero
que nos llamen resentidas, rencorosas.
Que sobren tantos adjetivos,
a quienes saben cómo violentar.

Mientras ellos se apropian
de lo que laboramos,
de lo que construimos,
de lo que soñamos.
Y sonríen brindando con vino blanco.

Que Pinochet muriera en una cama blanda,
que Luis Echeverría esté libre,
que el traidor se divierta vacacionando,
que los policías violadores de Atenco
se hayan llevado una palmada en la espalda,
y las heridas abiertas en Honduras,
en Acteal, en Latinoamérica, las mujeres asesinadas
-por decir nada más de unos cuantos-.

Porque soy tan libre como puedo,
pero no olvido el oprobio.

Porque amo y soy amada,
pero sé quién es el asesino.

Porque tengo hermanas que luchan
y voy a la lucha con ellas.

Porque tengo tanto que no pueden sentir
quienes desprecian la ternura,
como si entendieran de qué se trata.

Por eso, no declaro batallas infames.
No quiero negociar mi nombre.
Ni me alcanzan las medias tintas justificantes
de los que se dicen amantes,
pero son abusadores.

Sin embargo, sé que es tarea impostergable
arar la tierra, acariciar las semillas, sembrar
y creer que otra cosa está naciendo y que será visible
cuando crezca el árbol de justicia;
cuando estas palabras se estampen en sus rostros
como saliva caliente de esta rencorosa, resentida, pequeñita.
Para que les ardan los ojos rojos de ira, rojos de vergüenza.
Para que, por primera vez, sientan qué significa inclinar el rostro.

Para que de una vez entiendan
que para los traidores,
para los maltratadores,
para todos los malditos:

Hay denuncia, que no olvida.
Hay sed, que no perdona.
Hay memoria combativa.


Por Patricia Karina Vergara Sánchez
Feminista, periodista y profesora.