martes, 25 de marzo de 2014

Las Mendoza, mujeres con nombre propio


Una exposición en Dávalos presenta este mes en el Palacio de Dávalos a las caras menos conocida de los Mendoza, sus mujeres. • El grupo de investigación Damas Mendoza está recuperando del olvido la obra de las mujeres de esta familia renacentista y las presenta como determinantes en el mecenazgo y sobre todo en la configuración urbanística de varias ciudades castellanas. • “Fueron sujetos de su propia historia que invirtieron energía y fortuna en obras definitivamente suyas”, defendía este miércoles la historiadora alcarreña Esther Alegre en una conferencia que abarrotó el salón de actos de la Biblioteca.

Las mujeres Mendoza no solo fueron esposas, madres o hermanas, sino que fueron constructoras, mecenas, poetisas, impulsoras de reformas espirituales… y, en su conjunto, vidas –a veces tan apasionantes como las de ellos– que reivindican protagonismo en la historia de unas de las familias más importantes de Europa durante el Renacimiento. Ana, Brianda, Mencía, Aldonza, Marta o Luisa son los nombres propios femeninos de una historia en la que también reivindican su aportación fundamental en la construcción de “la mayor élite señorial e ideológica de Castilla durante los siglos XV, XVI y XVII”.
El mensaje lo aportan y lo están intentando demostrar con datos y argumentos sólidos un grupo de investigadoras de la UNED llamadas a sí mismas ‘Damas Mendozas’, que asumen la deuda pendiente de “recuperar la memoria de estas insignes aristócratas”, en palabras de la directora de este grupo de historiadoras, Esther Alegre.
Dos de los más conocidos retratos de Brianda de Mendoza y Luisa de Carvajal.
Sus investigaciones conjuntas ya dan sus frutos y, con ellos, algunos datos sorprendentes de la vida de estas mujeres. Pronto verá la luz un libro editado por Diputación que recoge estas biografías; de momento, una exposición con paneles que presenta a los nombres más destacados está girando por la provincia y ha llegado ahora la capital, al Palacio de Dávalos, donde este miércoles impartieron una conferencia invitadas por la Asociación de Amigos de la Biblioteca.

Si conocida era por su extravagancia y magnetismo la figura de la Princesa de Éboli, ahora emergen otras biografías ricas en vivencias que restan excepcionalidad a la enigmática Ana de Mendoza, pero avanzan en la misión de estas historiadoras para rescatar de “los márgenes de la historia” las “vidas veladas” de unas “damas invisibles para la historia y borradas de la memoria”.
Las ‘damas constructoras’
Ante nada menos que un centenar de personas que abarrotaban el salón de actos del Palacio de Dávalos, la directora de este proyecto, Esther Alegre, ofreció unas pinceladas generales sobre esta “auténtica dinastía” que se expande por Castilla con el legado del Marqués de Santillana, que tuvo diez hijos que llegaron a adultos. Según relató la historiadora pastranera, cada uno de ellos inaugurará su casa nobiliaria, pero la red permanecerá como una “poderosísima organización” con enorme poder económico, político y “de coacción”, cuyos señoríos conforman así “nodos” por todo el reino.
Uno de los rasgos característicos de los Mendoza será precisamente su constitución como familia renacentista, importando el modelo italiano, de forma pionera en la Península Ibérica y en el resto de Europa, según Alegre. El papel de las mujeres en este entramado que salta de lo político y económico a lo cultural o espiritual no fue testimonial, según defienden estas historiadoras a partir de sus estudios. Surgen en este entorno unas mujeres ajustadas al modelo “ideal de la mujer aristócrata culta y refinada” que desde niñas aprenden latín y griego, se familiarizan con literatura clásica y espiritual –y tienen acceso a las más importantes bibliotecas de su tiempo–, estudian danza, canto y música y se familiarizan también con “materias prácticas como finanzas, leyes y política”. Por supuesto, son instruidas en las “normas de decoro en los entornos cortesanos”, todo lo cual las prepara para la vida nobiliaria en el momento del matrimonio, aunque, de forma casi indirecta, también las deja sobradamente capacitadas para emprender proyectos con sello propio. De ahí a que surjan algunas personalidades femeninas tan fuertes como Brianda de Mendoza o Luisa de Carvajal.
Hay un rasgo común en casi todas estas mujeres, según defienden estas historiadoras de la UNED, y es el modo en que su educación culta no sólo impulsa su papel de mecenazgo, sino sobre todo un papel muy activo en la configuración urbanística de diferentes localidades castellanas, como “damas constructoras”. De hecho, el Palacio del Infantado se convierte en “prototipo” de otros en Burgos, Peñaranda de Duero, Béjar o Pastrana, que en conjunto es también “paradigma de ciudad mendocina”.
La historiadora Esther Alegre, en la conferencia de Amigos de la Biblioteca, en Dávalos. / Foto: R.M.
Por todo esto, Alegre asegura que “si algo son estas mujeres Mendoza es damas constructoras” que “inventan y construyen la moderna ciudad renacentista”. Será el dato más relevante de casi todas ellas, además de su contribución a la reforma espiritual, participando de los cambios impulsados entre los franciscanos e incluso de algunas corrientes todavía menos ortodoxas como los alumbrados, tomada por herética y que tuvo en Guadalajara uno de sus principales núcleos expansivos.

Tal vez sean estos dos rasgos, su espiritualidad reformista y su inclinación urbanística, debidos ambos a su profunda formación y a su “tremenda capacidad de acción”, los que mejor definan, en opinión de Alegre, la personalidad de unas aristócratas “independientes y autónomas”, algunas de las cuales deciden no casarse porque ponen por encima de todo su interés por ser “sujetos de su propia historia” y que “invierten su energía y su fortuna en obras definitivamente suyas”. Rasgos de modernidad que se ajustaban muy poco a los usos de la época. 
Brianda: una mecenas moderna
Brianda de Mendoza y Luisa de Carvajal, que vivieron a principios y a finales del siglo XVI, respectivamente, son dos de los ejemplos más destacados de mujeres que reivindican una biografía propia, aunque hasta ahora hayan sus vidas hayan sido bastante desconocidas. La conferencia de este miércoles en la Biblioteca se paró en hacer un esbozo de ambas biografías.
La prueba más clara de este cierto desconocimiento en el caso de Brianda, incluso a pesar de la familiaridad del nombre, es que su retrato más conocido, colgado en el instituto que lleva su nombre, no le es fiel: ni muestra su verdadera cara (fue pintado tres siglos después de que muriese) ni su iconografía monjil representa exactamente sus actitudes y su obra, según la historiadora Montse Rodríguez.
Quien es hoy también conocida por fundar el llamado Convento de La Piedad fue, según los principales datos que trasladó esta historiadora en la conferencia, una mujer con una “educación exquisita”, en la que confluyeron dos ricas tradiciones (los Mendoza y los Luna), que rechazó el matrimonio y que se comportó más al modo de un un artistócrata varón que como una mujer de su época, dando rienda suelta a un “espíritu intelectualmente inquieto”.
Algunos de los paneles de la exposición de la Biblioteca, con biografías de mujeres de la familia de los Mendoza. / Foto: R.M.

Con 40 años era “rica e independiente” y dedicó su fortuna a adquirir inmuebles en el entorno del palacio heredado de su tío, Antonio de Mendoza. Esta señora “culta, refinada, de fuerte personalidad y capacidad de decisión” disfrutó de una activa vida social, se mezcló con ambientes religiosos próximos al erasmismo y a los alumbristas y fundó, con unas prisas sospechosas, el Beaterío y Casa de doncellas de La Piedad –y no, exactamente, un convento–. Fue esta una decisión que lleva a pensar a la historiadora Rodríguez que tal vez pudiese estar protegiendo mujeres que pudieran ser acusadas de herejía, acusación por la que fue juzgada incluso su gran amiga, María de Cazalla.
Uno de los rasgos más distintivos de Brianda de Mendoza, además como “pionera en España”, fue su mecenazgo “en el sentido moderno e italiano” con el artista Alonso de Covarrubias, desconocido cuando ella le contrata y que “siguió al pie de la letra” la construcción de la iglesia del conjunto conventual, según Rodríguez. Su relación no se remitiría a esta obra, sino que se prolongó en el tiempo al modo en que se ejercía el mecenazgo en el Renacimiento italiano.
La novelesca historia de Luisa de Carvajal
No menos impronta tiene el rastro de la vida de otra mujer con una biografía de aspectos novelescos y que está siendo estudiada por la historiadora Alicia Yela. Luisa de Carvajal y Mendoza ha sido hasta ahora más conocida como poeta mística, pero remitir su vida a los versos es quedarse cortos. Esta mujer nacida en 1566 vivió de niña en Cáceres, León, Madrid y Valladolid, queda huérfana con sólo siete años y a los 22 decidió vivir sola.
Muy influida por la poesía de San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, y profundamente religiosa (hizo cuatro votos de pobreza), se comporta desde muy pronto con absoluta autonomía durante su juventud en Madrid: “se hace una mujer libre, que ha roto con todo lo que la ataba con este mundo”. Estaba ya en marcha su “transformación”: cuidaba a los pobres de los hospitales y se hacía cargo de recoger prostitutas “para escándalo de toda la nobleza”.
Ya en Valladolid, al entrar en contacto en el Colegio de San Albano de Valladolid con algunos ingleses católicos perseguidos en su país, toma conciencia de la problemática en torno al enfrentamiento religioso que vive toda Europa, en pleno proceso de disputa entre la la corriente luterana y la contrarreforma de Trento. Luisa de Carvajal, no sólo había renunciado al matrimonio, sino que trazó una vida independiente, que tuvo uno de sus principales episodios en su impresionante viaje por Francia hasta Londres, recorriendo 1.400 kilómetros. Tenía una misión que cumplir: predicar, convertir a los herejes. De modo que se lanzó a los caminos en una aventura que tiene muy poco que envidiar a cualquier historia épica protagonizada por una varón de su tiempo.
Los de Luisa de Carvajal y Brianda de Mendoza son, de este modo, dos retratos atípicos de la mujer en la historia, pero verdaderamente existentes a la luz de las últimas investigaciones y posibles, sobre todo, por una formación renacentista de las que la familia de los Mendoza fueron avanzacilla en España. En ese entorno culto, estas dos mujeres rechazaron el matrimonio y tomaron las riendas de su propia vida, aprovechando su exquisita educación, su fortuna y sus conocimientos no sólo para impulsar las artes (con el mecenazgo, la una; con la creación literaria, la otra), sino sobre todo para participar activamente de aspectos tan importantes de la vida social de la época como la reforma espiritual, aportando así estos nombres de mujer a la prolífica historia de los Mendoza.

domingo, 9 de marzo de 2014

PROYECTO: A LA SOMBRA DE CORTÁZAR


APUNTES SOBRE JULIO CORTÁZAR

“HAY QUE SEGUIR BUSCANDO”

“Mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia”, confesaría Cortázar en uno de esos episodios repetidos en los que la nostalgia le hacía volver al pasado,al jazz, a la  Argentina, a los gatos o a los paseos nocturnos por las calles de Barcelona.

Y es que en el amanecer de aquel 26 de agosto de 1914 cuando nació Cortázar, las tropas alemanas iniciaron una ofensiva que a la postre iba a suponer la aniquilación del II Ejército Ruso y la posterior ocupación de todo el territorio belga por los nazis. Fue la Batalla de Tannenberg, uno de las más significativos enfrentamientos entre los Imperios Alemán y Ruso que dejaría cerca de 200.000 soldados muertos y la sensación de que  a partir de ahí las guerras del futuro serían especialmente destructivas.

Julio Cortázar nació en Ixelles, un suburbio situado en el sur de la ciudad de Bruselas, capital de Bélgica que en ese momento estaba ocupada por los ejércitos del II Reich.

El pequeño «Cocó», como le llamaba su familia, fue hijo de Julio José Cortázar y María Herminia Descotte. Su padre era funcionario de la embajada de Argentina en Bélgica, y trabajaba en esa representación diplomática como agregado comercial.

Hacia fines de la Primera Guerra Mundial, los Cortázar lograron pasar a Suiza gracias a la condición alemana de la abuela materna de Julio, y de allí, poco tiempo más tarde a Barcelona, donde vivieron un año y medio. A los cuatro años volvieron a Argentina y pasó el resto de su infancia en Banfield, en el sur del Gran Buenos Aires, junto a su madre, una tía y Ofelia, su única hermana (un año menor que él).

Según el propio escritor, su infancia fue brumosa y con un sentido del tiempo y del espacio diferente al de los demás. Fue un niño enfermizo y pasó mucho tiempo en cama, por lo que la lectura fue su gran compañera. Su madre le seleccionaba lo que podía leer, convirtiéndose así en la gran iniciadora de su camino de lector, primero, y de escritor después.

        A los nueve años ya había leído a Julio VerneVíctor Hugo y Allan Poe, padeciendo por ello frecuentes pesadillas durante un tiempo.Leía tanto que su madre primero acudió al director de su colegio y luego a un médico para preguntarles si eran normales las pesadillas del niño, y éstos le recomendaron que su hijo dejara de leer o leyera menos durante cinco o seis meses, para que en cambio saliera a tomar el sol.

Se puede considerar a Cortázar como uno de los autores más innovadores y  originales de la Literatura de su tiempo. Maestro en los relatos cortos, la prosa poética y la novela.

En 1938, bajo el pseudónimo de Julio Denis, publica sus primeros sonetos en un libro que se titulará “Presencia”, y de ahí a “Salvo el crepúsculo” su última obra escrita en 1984 una montaña de maravillosa literatura: 6 novelas, 2 libros de prosas breves, 9 libros de cuentos, 2 obras de teatro, 3 libros de poesía, 12 libros de ensayos y artículos diversos, 7 libros de cartas que abarcan desde 1937 a 1984, otros libros de difícil clasificación como “La Vuelta al día en ochenta mundos”, “Último Round”  o “Los Autonautas de la cosmopista”.

        Cuando en 1963 apareció Rayuela todo el mundo literario se rindió ante un autor que definió su obra como “contranovela” creando incluso un nuevo lenguaje musical, el “gliglico” , que servía  como un juego que comparten los enamorados para aislarse del mundo. “De alguna manera es la experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura”, respondió Cortázar cuando le preguntaron por su obra.


Rayuela es, seguro,  muchas cosas. Una novela y un juego al mismo tiempo. Una confesión y un revulsivo. Una búsqueda y muchos hallazgos. Pero quizá, ante todo, Rayuela sea una aproximación honesta tanto al lenguaje como a la vida. Una puesta en duda de todo lo que sirve para hacer llegar un mensaje claro: hay que seguir buscando. Sólo entonces podremos estar seguros de que estamos vivos.
De los innumerables comentarios, artículos, tesis y disertaciones que se han escrito sobre Rayuela y Cortázar, desde el mismo momento de su publicación, hace ahora 51 años, creo que merece la pena   reproducir el que realizó Olga Osorio bajo el título: “Entender, no inteligir”, en la revista de estudios literarios “Espéculo” de la Universidad Complutense de Madrid en el año 2002:
Las primeras palabras de Rayuela encierran ya la clave: “¿Encontraría a la Maga?” Buscándola Horacio Oliveira se pierde por un fabuloso París hecho de recuerdos, de imágenes y escenas que sirven de presentación para una mujer que es a un tiempo torpe y lúcida, capaz de aprehender, desde la inocencia, toda la poesía y la magia de un mundo que ante otros ojos podría parecer repetitivo y absurdo.
Buscando a la Maga o a un extraño “kibbutz del deseo”, comprometiéndose con el intento de descubrir una realidad anclada en lo maravilloso que puede acabar por llevarnos a una desesperada locura, el lector que salta con Horacio Oliveira de París a Buenos Aires o de casilla en casilla de la rayuela, ya no puede ser nunca más ese lector hembra que el Morelli-Cortázar, el viejo escritor de la segunda parte, trataba de destruir con su consciente eliminación de la palabra y la literatura, para tratar de devolverles así todo su ser.
Rayuela…….. es un intento de abrir los ojos a la realidad auténtica, a aquella que existe al margen del mundo creado por la cultura y la historia humanas. La Maga la conoce, sin saberlo. Pero ese conocimiento inconsciente no sirve para Oliveira: sólo el que ha encontrado comprende el valor de lo que ahora posee. Es como en la rayuela. Hay que partir de la tierra para, después de mucha pericia, llegar al cielo y, ya allí, emprender el retorno.
El gran fracaso de Oliveira es que trata de desprenderse de lo intelectual desde la intelectualidad. Pero también ahí se encontraría su éxito en caso de lograrlo. Oliveira quiere regresar al territorio, a la vida, después de destruirla, la vida como obsesión eterna: “La vida, como un comentario de otra cosa que no alcanzamos, y que está ahí al alcance del salto que no damos”. Y, finalmente, comprenderá que todo hallazgo no hace sino abrir la puerta a un nuevo salto. ¿La renuncia a lo absoluto? Quizá sólo la aceptación de la búsqueda eterna como verdadero centro de lo humano, como ese centro que tanto buscaba Horacio sin saber que ya lo poseía.
El primer contrapunto de Horacio Oliveira es la Maga. Frente a su lucidez revestida de torpeza, los otros protagonistas de esa parte de Rayuela, de ese “lado de allá” -que es así como Cortázar bautiza a la capital francesa- parecen simples caricaturas de unos intelectuales que vagan por el mundo de la palabra, la lógica, la abstracción y la imagen, sin lograr jamás captar un solo instante de lo maravilloso, de eso que la Maga posee, sin saberlo, a raudales.
Pero, como hemos dicho, sólo la posesión de lo maravilloso es gratificante cuando se ha luchado por ella y se ha alcanzado de un modo consciente. Podría decirse que hay dos maneras de ser sabio: desde la inocencia más absoluta o desde la sabiduría total, desde una sabiduría que lo abarque todo y así lo unifique.
Oliveira busca, sin duda, la segunda. Y el mensaje de Cortázar parece ser que el hallazgo podría hallarse a partir de la conjunción de ambas actitudes: ya que la sabiduría completa es imposible, ya que la inocencia absoluta es un sueño remoto, podrían conciliarse para así conseguir lo que de otro modo sería inalcanzable.
A Cortázar le preguntaron muchas veces por Rayuela y, unas veces sorprendido, y otras apasionado, cada vez daba una respuesta  que siempre estaba en función de quien le preguntaba, o del auditorio que escuchaba, o del estado de ánimo que tenía en aquel momento. Tras leer muchas respuestas, siempre lúcidas, y dado los tiempos que corren, (de los que podríamos hablar luego si les parece), me ha parecido conveniente seleccionar la que sigue, que viene a corroborar lo que siempre pensé a propósito de la atemporalidad universal de esta novela.
Dice Cortázar: “….. pero había una generación que empezaba a mirar a sus padres y a decirles: “Ustedes no tienen razón. Ustedes no nos están dando lo que pretendemos. Ustedes están dando en herencia un mundo que nosotros no aceptamos. Entonces Rayuela lo único que tenía era un repertorio de preguntas, de cuestiones, de angustias, que los jóvenes sentían de una manera informe porque no estaban intelectualmente equipados para escribirlas o para pensarlas y se encontraban con un libro que las contenía. Tenía todo ese mundo de insatisfacción, de búsqueda del “kibbutz del deseo”, para usar la metáfora de Oliveira. Eso explica que el libro resultó un libro importante para los jóvenes y no para los viejos”.

Y así seguimos aquí y ahora, porque aquellos jóvenes de entonces ya somos los viejos de hoy y aún seguimos encontrando en Rayuela las preguntas que necesitamos para meternos de lleno en ese kibutz del deseo al que todos aspirábamos y seguimos aspirando todavía  hoy.
No sé si quienes ahora escuchan mis palabras han tenido la oportunidad, las ganas, o el tiempo necesario para leer Rayuela. Mi primera vez, como la de tantos otrosjóvenes que tuvimos la suerte de poder estudiar en la Universidad, en aquellos convulsos tiempos de pasión y revolución, sucedió como respuesta a un desamor universitario, en 1976. Aún lo recuerdo. La Maga (Mara), me regaló un ejemplar de la Editorial Sudamericana (que aún hoy sigue secuestrado en algún recóndito anaquel de la Comunidad Valenciana, o quizás no), que leí, subrayé, comenté y anoté, pensando que aquella Maga me ataría a la tierra y que, como decía Cortázar a propósito de los móviles de Horacio Oliveira (alter ego de Cortázar en la obra, con el que yo me sentía irremediablemente identificado), tenía:…“una visión que podríamos llamar maravillosa de la realidad. Maravillosa en el sentido de que él cree (yo también lo creía) que la realidad cotidiana enmascara una segunda realidad que no es ni misteriosa, ni trascendente, ni teológica, sino que es profundamente humana, pero que por una serie de equivocaciones ha quedado como enmascarada detrás de una realidad prefabricada con muchos años de cultura, una cultura en la que hay maravillas pero también profundas aberraciones, profundas tergiversaciones. Para el personaje de Rayuela habría que proceder por bruscas interrupciones en una realidad más auténtica”.
Y a eso nos dedicábamos en aquellos años en los que la realidad del franquismo nos hacía buscar una realidad más auténtica. O sea, como ahora. Y quizás esa también sea, independientemente de los hallazgos en cuanto a la utilización del lenguaje que descubre Cortázar,  la  vigencia permanente  de Rayuela.
Y es que la búsqueda de esa “realidad auténtica”, como ocurre con la belleza,el amor, la esperanza, la felicidad, la justicia,  la risa, sigue siendo una de esas motivaciones atemporales que cruzan los tiempos desde la cueva de Altamira a Picasso, desde Homero a Cortázar, de los presocráticos griegos a Leopoldo Panero, que ha dejado de existir físicamente en este año 2014 aunque ya llevase “muerto” muchos años. Buen título para un ensayo: Del nacimiento de Cortázar a la muerte de Leopoldo Panero. Historia de la Literatura. Quizás para otra ocasión.
Rayuela es pues muchas cosas, y entre ellas, y por lo que me toca, una no menor como el jazz. Está el jazz, la ginebra y un poco de blues con vodka. Cortázar mantenía una relación especial con el jazz. Basta echarle un vistazo a un revelador artículo titulado: “Elogio del jazz: carta enguantada a Daniel Devoto”, para darse cuenta del inmenso conocimiento que Cortázar poseía, también, de esta música.
La música en general, y el jazz en particular está presente en gran parte de las obra de Cortázar. “El perseguidor”, por ejemplo, no se entiende sin el descubrimiento que Cortázar hizo del saxofonista Charlie Parker.  “….. Nunca conocí  a un músico como Charlie Parker. Tal vez no siente nada; tal vez está perdido en su improvisación- Quizás da de sí en una forma donde se transforma su propio ser en música”.
En “El libro de Manuel” Cortázar afirma. “ Yo ya no tengo tiempo ni me importan las modas, mezclo Jelly Roll Morton con Gardel y Stockhausen, loado sea el Cordero”.
En el capítulo 17 de Rayuela,  Cortázar escribe:…. El jazz es como un pájaro que migra o emigra o inmigra o transmigra, saltabarreras, burlaaduanas, algo que corre y se difunde y ésta noche en Viena está cantando Ella Fitzgerald mientras en París Kenny Clarque inaugura una cave y en Perpignan brincan los dedos de Oscar Peterson, y Satchmo por todas partes con el don de la ubicuidad que le ha prestado el Señor, en Birmingham, en Varsovia, en Milán, en Buenos Aires, en Ginebra, en el mundo entero, es inevitable, es la lluvia y el pan y la sal, algo absolutamente indiferente a los ritos nacionales, a las tradiciones inviolables, al idioma y al folclore: una nube sin fronteras, un espía del aire y del agua, una forma arquetípica, algo de antes, de abajo, que reconcilia mexicanos con noruegos y rusos y españoles, los reincorpora al oscuro fuego central olvidado, torpe y mal, y precariamente los devuelve a un origen traicionado, les señala que quizá había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizá había otros caminos  y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará a los niños el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues”…
No quisiera extenderme más de lo que debo en mi pasión por el jazz, así que centraré  un poco ésta exposición y hablaré sólo ( y no es poco) del jazz en Rayuela.
La mayor parte de la información que aporto está sacada de las jornadas que la Fundación Juan March organizó en Madrid el año pasado (2013) bajo el título de: El jazz de Julio Cortázar. En los 50 años de Rayuela.
Hay un capítulo especialmente interesante en cuanto al “ambiente musical” en el que se movía Cortázar en aquellas estancias del París bohemio donde le recibían sus amigos del Club de la Serpiente. Quizás no les importe que también aquí nosotros escuchemos alguno de aquellos cortes de los viejos vinilos que chirriaban cuando sentían la púa caer sobre los surcos:
Quizás no les importe que escuchemos ahora y aquí alguno de los temas que impregnan de música la novela, y los vayamos entreverando con pasajes y paisajes y personajes de aquel París bohemio que recorría Cortázar.
 Envuelto en humo Ronald largaba disco tras disco casi sin molestarse en averiguar las preferencias ajenas, y de cuando en cuando Babs se levantaba del suelo y se ponía también a hurgar en las pilas de viejos discos de 78 rpm, elegía cinco o seis y los dejaba sobre la mesa al alcance de Ronald que se echaba hacia adelante y acariciaba a Babs que se retorcía riendo y se sentaba en sus rodillas, apenas un momento porque Ronald quería estar tranquilo para escuchar Don’tplay me cheap.
Música y metafísica. Emoción y razón. Sexo y camaradería, gin contra mala suerte, el jazz.

         Pero después venía una guitarra incisiva que parecía anunciar el paso a otra cosa, y de pronto (Ronald los había prevenido alzando el dedo) una corneta se desgajó del resto y dejó caer las dos primeras notas del tema, apoyándose en ellas como en un trampolín. Bix dio el salto en pleno corazón, el claro dibujo seinscribió en el silencio con un lujo de zarpazo. Dos muertos se batían fraternalmente, ovillándose y desentendiéndose. Bix y Eddie Lang (que se llamaba Salvatore Massaro) jugaban con la pelota I’mcoming, Virginia, y dónde estaría enterrado Bix, pensó Oliveira, y dónde Eddie Lang, a cuántas millas una de otra sus dos nadas que en una noche futura de París se batían guitarra contra corneta, (y de nuevo) gin contra mala suerte, el jazz.


     También hay blues en Rayuela. Blues de Big Bill Broonzy, que a partir de 1951, tratando de recuperar las viejas canciones rurales de su juventud, había dado numerosos conciertos por toda Francia.

      Cortázar no debió ser ajeno a esta presencia (un negro con camisa blanca, corbata y traje a medida que tocaba una guitarra como la de Chuck Berry). Big Bill Broonzy  no pasaría desapercibido para un melómano como él.

     La voz llegaba de tan lejos que parecía una prolongación de las imágenes, una glosa de letrado ceremonioso. Por encima o por debajo Big Bill Broonzy empezó a salmodiar See, see, rider, como siempre todo convergía desde dimensiones inconciliables, un grotesco collage que había que ajustar con vodka y categorías kantianas, esos tranquilizantes contra cualquier coagulación demasiado brusca de la realidad. O, como casi siempre, cerrar los ojos y volverse atrás, al mundo algodonoso de cualquier otra noche escogida atentamente de entre la baraja abierta. See, see, rider, cantaba Big Bill, otro muerto, seewhatyouhave done.

A Cortázar le gustaba también el boxeo. Un trabajo que salvó  a muchos de la cárcel y sacó a otros tantos de las catacumbas de la sociedad a las que estaban irremediablemente condenados muchos perdedores en el periodo de entreguerras.
Cuando descubrió a Champion Jack, que se había criado en el mismo orfanato de Nueva Orléans que Louis Armstrong, no pudo resistirse a la tentación de introducirlo en su obra. Un boxeador metido a pianista, guitarrista y cantante de blues es demasiado como para dejarlo perder entre las montañas de discos de pizarra y vinilos de algún coleccionista de rarezas musicales.
Encontrar una barricada, cualquier cosa, Beny Carter, las tijeras de uñas, el verbo gond, otro vaso, un empalamiento ceremonial exquisitamente conducido por un verdugo atento a los menores detalles, o Champion Jack Dupree perdido en los blues, mejor barricado que él porque (y la púa hacía un ruido horrible) Saygoodbye, goodbyeto whiskey [...].
Y las mujeres. Cortázar y las mujeres del jazz. Como Bessie Smith, la cantante de la primera era de las grabaciones en discos de 78 rpm. El paradigma de la cantante de jazz-blues de la década de 1920.
     La voz de Bessie se adelgazaba hacia el fin del disco, ahora Ronald daría vuelta a la placa de bakelita (si era bakelita) y de ese pedazo de materia gastada renacería una vez más EmptyBed Blues, una noche de los años veinte en algún rincón de los EstadosUnidos. Ronald había cerrado los ojos, las manos apoyadas en las rodillas marcaban apenas el ritmo. También Wong y Etienne habían cerrado los ojos, la pieza estaba casi a oscuras y se oía chirriar la púa en el viejo disco, a Oliveira le costaba creer que todo eso estuviera sucediendo. ¿Por qué allí, por qué el Club, esas ceremonias estúpidas, por qué era así ese blues cuando lo cantaba Bessie? «Los intercesores», pensó otra vez, hamacándose con Babs que estaba completamente borracha y lloraba en silencio escuchando a Bessie, estremeciéndose a compás o contratiempo, sollozando para adentro para no alejarse por nada de los blues de la cama vacía, la mañana siguiente, los zapatos en los charcos, el alquiler sin pagar, el miedo a la vejez, imagen cenicienta del amanecer en el espejo a los pies de la cama, los blues, el cafard(cucaracha)infinito de la vida.

¿Cuándo te interesaste por primera vez por el jazz?, le preguntan a Cortázar en una entrevista aparecida en la revista “Último Round” que la editorial Debate publicó en Barcelona en 1992. Y Cortázar responde:
Es difícil decir exactamente, pero descubrí la música en Buenos Aires a la edad de diez años, más o menos, en 1924. En esa época asistí al nacimiento de la radio, pero no tenía discos. Primero porque no había discos de jazz en aquel entonces y luego porque no teníamos dinero para comprarlos. Además, mi madre habría comprado los discos y ella y el jazz no se conocían, vinieron de mundos opuestos. Así que el jazz era un misterio para mí porque en la radio se solía escuchar tangos, ópera, música clásica y popular, tal vez una rumba o un vals vienés. Luego, un día, un niño de diez años escuchó por primera vez algo que se llamaba un «fox-trot» con un ritmo, una melodía y palabras. Yo no podía entender las palabras, pero alguien cantaba en inglés y era algo mágico para mí. Tendría catorce años cuando oí a Jelly Roll Morton y luego a Red Nichols. Pero al oír a Louis Armstrong, noté la diferencia. Armstrong, Jelly Roll Morton y DukeEllington llegaron a ser mis predilectos.
En fin, otra cara del prisma  Cortázar. Un melómano empedernido que llevó también la buena música a su literatura para enriquecerla más, si es que ello fuera posible.
 Rayuela es también, la relación de Cortázar con las mujeres. No es posible entender la novela sin adentrarse en el universo de la Maga. Y resulta que la Maga existe. Y además, aún  vive. Ya no es la Rue de Seine, ni el Pontdes Arts, sino el barrio londinense de St. John´s Wood, cerca del zoológico de Londres donde habita  Edith Aron. Una encantadora señora de 82 años que recorre, en el más completo anonimato, las calles que circundan la Abbey Road que hicieron famosa los Beatles.
Edith Aaron, de familia judía, había emigrado a la Argentina con sus padres poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Y cuando en 1950, con 23 años volvía en barco a Europa, conoció a Cortázar.
"Yo estaba en tercera clase,(recuerda) no pasaba nada demasiado interesante y, de pronto, vi a un muchacho tocar tangos en el piano. Una chica italiana con la que compartía la cabina me dijo que me miraba y que como era tan lindo, por qué no iba a invitarlo a nuestra mesa. Pero estábamos sentadas con gente muy rara, el mozo era muy viejo y no me animé."
Una serie de “casualidades” (¡¡¡¡Ay Maga-Ana!!!, las casualidades, las coincidencias  y el surrealismo) les volvieron a juntar en una librería de París , en un cinepara cinéfilos del blanco y negro, disfrutando de Juana de Arco, o  en los Jardines de Luxemburgo. Edith tenía 23 años, Julio 32.
Ella dice hoy que  no es la Maga, que es ella misma. Lástima que otras circunstancias y otras casualidades la apartaran de Cortázar y le hicieran renegar de una amistad que sirvió de pretexto para una relación que se convertiría, casi inmediatamente, en una de las historias más  fascinantes, cautivadoras y mágicas  de toda la Literatura Universal.
 "Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."
        En fin, este “discurso” se está haciendo demasiado largo y puede que no contribuya, como sería mi deseo a que Uds, se apasionen por la obra de Julio Cortázar, así que voy a ir terminando ya. Espero darles un último argumento para seguir leyendo, o releyendo, Rayuela. Y  para seguir leyendo, o releyendoa Cortázar. En “Viaje alrededor de una mesa”, que la Editorial Rayuela  publicó en Buenos Aires en 1970, Cortázar habla del “hombre nuevo” y me parece un buen colofón para terminar  esta introducción y pasar al debate de lo que Uds. quieran.
        Dice Cortázar: “hay que ir mucho más lejos todavía en las búsquedas, en las experiencias, en las aventuras, en los combates con el lenguaje y las estructuras  narrativas. Porque nuestro lenguaje revolucionario, tanto el de los discursos y la prensa como el de la literatura, está todavía lleno de cadáveres podridos de un orden social caduco. Seguimos hablando de hoy y de mañana con la lengua de ayer.
       Hay que crear la lengua de la revolución, hay que batallar contra las formas lingüísticas y estéticas que impiden a las nuevas generaciones captar en toda su fuerza y su belleza esa tentativa global para crear una América Latina enteramente nueva desde las raíces hasta la última hoja. En alguna parte he dicho que todavía nos faltan los Che Guevara de la literatura. Sí, hay que crear cuatro, cinco, diez Vietnam en la ciudadela de la inteligencia. Hay que ser desmesuradamente revolucionario en la creación, y quizá pagar el precio de esa desmesura. Sé que vale la pena”.
       Desde ésta perspectiva a la que nos incita Cortázar, las personas que componemos el Grupo Arttefacto queremos, a través de una parte de nuestras obras, recorrer ese camino incierto,  y avanzar sobre los “cadáveres podridos”, hasta encontrar la esencia de la belleza que se esconde en las pequeñas cosas cotidianas.En el  reflejo de una puesta de sol en algún lagón tropical, en la risa de todas y cada una de nuestras “magas”, en las sábanas blancas de los amaneceres impregnados de salitre, que son los kibutz del deseo cortarzianos, en las nubes que sirven de telón para los sueños, en el punto y la línea sobre cualquier plano, en las divagaciones desinteresadas sobre el sexo versus amistad, en los grutescos de la Domus Aurea y en los bufones de Velázquez, en las imágenes distorsionadas de los espejos convexos de los pintores flamencos y en Picasso, en el blues de los años 30 del siglo XX  o en el jazz del período de entreguerras.
Porque sólo aquellos que estén dispuestos a desplazarse, a desaforarse, a descentrarse, para descubrirse, lograrán llegar al final del camino y terminarán por comprender.
Muchas gracias.
Guadalajara 10 de marzo de 2014

http://arttefacto2011.blogspot.com.es/p/a-la-sombra-de-cortazar.html 

sábado, 8 de marzo de 2014

La multiculturalidad de los barrios genera tolerancia


Las personas que viven en barrios con diversidad étnica tienen menos prejuicios raciales que aquellos que residen en áreas muy segregadas, según ha demostrado un estudio reciente de la Universidad de Oxford.
El mismo estudio señala que la gente blanca es la que menos interacciona con otros grupos étnicos aunque residan en su misma comunidad, pero aún así, son más tolerantes hacia ellos que los blancos de otras zonas donde no hay tanta mezcla.
Estos resultado surgen de los análisis de siete estudios sobre relaciones comunitarias desarrollados entre 2002 y 2012 en Alemania, Inglaterra, Europa, Estados Unidos y Sudáfrica.
No se trata de que las personas más tolerantes tiendan a vivir en barrios mixtos, esta posibilidad se descartó desarrollando dos de los estudios a lo largo de varios años para observar como las actitudes de la gente cambian con el tiempo.
Con esta medida, los investigadores observaron que las personas que vivían en barrios muy mezclados se hicieron más tolerantes con el paso de los años.
El profesor Miles Hewstone considera que han demostrado que “el contacto positivo entre la gente perteneciente a diferentes grupos étnicos conduce a sociedades más tolerantes en general”.
“Nuestros resultados muestran claramente que la mayoría de los distritos con mezcla entre grupos étnicos cuentan con reducciones más altas de prejuicio racial” ha señalado Hewstone.
El investigador ha añadido que “ aunque los estudios longitudinales se han llevado a cabo en Alemania, no hay razón para creer que los efectos no serían los mismos en todo el mundo. Los estudios de corte transversal realizados en Inglaterra, Estados Unidos y Sudáfrica apoyan esta idea”.
La investigación recomienda, a partir de sus conclusiones, que las políticas gubernamentales deberían ser dirigidas hacia el fomento de la integración entre comunidades, ya sea en escuelas, lugares de trabajo o barrios.
“Los gobiernos deberían hacer más para alentar a los diferentes grupos a mezclarse unos con otros”, agrega Hewstone. El investigador señala que las intervenciones sociales deben tener el objetivo de aumentar los contactos entre los grupos para ayudar a establecer normas sociales cada vez más tolerantes en la sociedad.
Alba Sánchez Serradilla

viernes, 7 de marzo de 2014

Democratización de la cultura: una biblioteca móvil multi-dimensional

Sabemos que el conocimiento es poder,  la posibilidad de elegir y no dejarse manipular – al menos no tan fácilmente-. Al respecto sin duda alguna la lectura es una de las más valiosas herramientas para inculcar el saber desde niños siendo además fuente de inspiración y entretenimiento.
Así lo entiende la Fundación Internacional de Singapur que ha puesto en marcha en la ciudad de Bandung el proyecto Words on Wheels (WoW). Se trata de una biblioteca móvil multi-dimensional cuyo objetivo es fomentar la cultura del aprendizaje en los escolares.
Con una peculiaridad: la tecnología viene a resolver las limitaciones del plano físico. En las bibliotecas convencionales los libros estaban contados y a menudo no reponían nuevos ejemplares, entonces consideraron esta efectiva iniciativa “Leer es nuestra pasión, ya que la colección de libros de la biblioteca escolar no se actualiza, está bien Words on Wheels haya añadido nuestro material de lectura” expresa uno de los alumnos.
Hasta el momento más de 2.500 niños se han beneficiado de la plataforma que aparte de leer también han podido jugar a juegos multimedia o navegar, algo que no habían tenido la oportunidad de hacer.
El proyecto se acompaña de actividades educativas e intercambios culturales como soporte, por ejemplo, para contar historias a modo de dramatización y teatro de marionetas. No solo se reportan los conocimientos necesarios en las diversas materias sino que también sirve en la transmisión de valores y conciencia social, con especial hincapié en temas de medioambiente.
Seguramente parte del éxito de la educación en Singapur, un habitual entre los primeros puestos del informe PISA, sea un espíritu innovador en sinergia con la tecnología. La red ha traído consigo la democratización de la cultura alcanzando incluso aldeas remotas y este es uno de los mejores ejemplos.

sábado, 1 de marzo de 2014

8 DE MARZO: LA CERÁMICA FEMENINA DEL RIF EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Con motivo del Día Internacional de la Mujer, 8 de Marzo, estamos preparando diferentes actividades:

- Inauguración de la Exposición Itinerante de Fotos "LA MUJER Y EL ARTE"
- Exposiciones de Alfarería Femenina y de Alfarería Femenina en homenaje a la mujer del Rif. Las piezas de estas exposiciones han sido realizadas en el Taller de Cerámica en colaboración con Taller Escenica Ceramica y gracias a nuestro profesor Jose Palacio Cantos
- Exposición de Poemas Femeninos, recopilados por nuestra socia Lyda Casvill
- Concurso de Tapas
- Participación en La Carrera de la Mujer, organizada por el Ayuntamiento El Casar
- Donación de libros a la Biblioteca de la Mujer 

Todas las actividades, excepto la carrera , se realizarán en El Silo.

Esperamos que os animéis a celebrar con nosotras este día.