sábado, 30 de agosto de 2014

ARTTEFACTO se suma al proyecto PLACAS DE ARTISTAS

Placas de Artistas cumplirá el 12 de septiembre 10 años desde la primera Intervención urbana en su lugar de nacimiento en Argentina de la mano de su hacedora, Cristina del Castillo. El proyecto se realizó nuevamente en el 2007 y 2011, contando con miles de placas de todo el mundo.

Otros artistas replicaron la propuesta y este proyecto se expandió en Cuba con Lewis Belgrove, en Italia con Welma Carita y la Biblioteca Comunale de Lavenno, en México con Martha Martinez Treviño y en España con Camil.la Perez Salvá.

El Colectivo de Artistas Arttefacto, se suma a este proyecto en septiembre de 2014 con la esperanza de que crezca siendo un sueño de unión a través del Arte Cerámico.

Las placas que formen parte del proyecto será expuestas de forma permanente en distintos lugares de nuestro entorno.

EL PODER CURATIVO DE LOS LIBROS

La biblioterapia tiene su origen en la antigüedad, cuando se la incluía entre los preceptos para llevar una vida saludable.

Un buen ejemplo de ello es que en el antiguo Egipto los faraones escribían en la entrada de sus bibliotecas “Sanatorio del alma”.
Posteriormente, a principios del siglo XIX en América la comunidad de psiquiatría empezó a ver la lectura como una técnica terapéutica.
La lectura aporta multitud de beneficios para el mantenimiento de la salud, más allá del enriquecimiento cultural. De ahí que la Asociación de Educación para la Salud cuente con el proyecto Red de Bibliotecas para Pacientes, que tiene por objetivo ayudar a la recuperación de los pacientes hospitalizados.
Algunas de las regiones del cerebro que se activan cuando leemos coinciden con las de imaginar o observar actividades. Cuando leemos, nuestro cerebro simula lo que pasa en la historia, utilizando los mismos circuitos que usaría si nos estuviera sucediendo a nosotros, es decir, si fuéramos los protagonistas. A nivel neurológico, los lectores, ya formamos parte de la acción.
Por otro lado están los libros de autoayuda, que arrasan en las librerías. Desde hace algunos años es notoria la proliferación de estos tipos de libros de superación personal o crecimiento psico-espiritual, donde la lectura pasa a tener una función curativa.
Según palabras del psiquiatra D. Enrique Rojas: “Creo que siempre son interesantes”.” Son libros relativamente claros, que tratan de facilitar la comunicación en una esfera concreta”.
Una investigación llevada a cabo por el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido (NHS), apunta que los pacientes que leyeron ciertos libros de autoayuda, (guiados por sus médicos), tuvieron niveles de depresión más bajos, un año más tarde, en comparación con aquellos que siguieron exclusivamente tratamientos convencionales.
Por otra parte, psiquiatras como psicólogos, confían en la escritura como terapia, ya que aseguran que quienes escriben un diario tienden a ser menos propensos a la ansiedad o a la depresión. Escribir ayuda a entenderse, en definitiva, aclara las ideas. Ya lo dijo el escritor Haruki Murakami, (Tokio Blues) “Soy de ese tipo de personas que no acaba de comprender las cosas hasta que las pone por escrito.”
La escritura mejora los procesos mentales, despierta los sentimientos y por último también impulsa la actividad creativa. Es un recurso que todos poseemos y que tiene una alta capacidad terapéutica ya que permite unificar la parte racional, verbal, cognitiva con la parte emocional.
Al escribir estructuramos los pensamientos, al mismo tiempo que tomamos distancia de aquello que nos abruma y que no vemos con claridad. Por eso nos ayuda a equilibrar la parte emocional y la parte racional, proporcionándonos un bienestar que es inmediato.
Noelia Ares López
Redacción

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viernes, 29 de agosto de 2014

Un siglo del maestro Cortázar

Tal día como hoy nació Julio Florencio Cortázar (Ixelles, Región de Bruselas, 26 de agosto de 1914 – París, 12 de febrero de 1984), el pequeño “Cocó” para su familia, maestro del relato para el común de los mortales, el genio.
“Mi nacimiento fue un producto del turismo y la diplomacia” declaró años más tarde, una suerte del azar que también marcaría el inicio y ocaso de su vida en Europa lejos de su patria Argentina.
Marcado por una infancia complicada – con apenas seis años su padre abandona la familia – Cortázar fue un niño de frágil salud que encontró en la lectura el bálsamo para su alma. Su madre le inició en los clásicos Julio Verne, Victor Hugo o Edgar Allan Poe inflamando sin saber la pasión de un incipiente escritor. Una dedicación por las letras que preservaría incluso hasta sus últimos días en el lecho enfermo a causa de la leucemia.
Considerado uno de los autores más originales y adelantados a su tiempo, emblema del Boom latinoamericano supo sorprender con la introducción de lo fantástico en la realidad cotidiana. Funambulista de las palabras que supo trasponer, crear un nuevo lenguaje y manejar a su antojo rompiendo con sentido las convenciones.
Una de sus primeras obras, el cuento “Casa tomada”, fue publicado en 1946 por el mismísimo Jorge Luis Borges entonces secretario de redacción de la revista porteña “Los Anales de Buenos Aires”. Pues a pesar de las manifiestas diferencias ideológicas – Cortázar era un activista de izquierdas mientras que Borges tenía el individualismo como credo político – su mutua admiración prevalecía frente a otros factores.
Precisamente harto del Peronismo Cortázar partió a Paris de forma definitiva hasta el punto de adoptar la nacionalidad francesa en 1981, “el escritor afrancesado” llamaban maliciosamente algunos de sus compatriotas argentinos.
A lo largo de su fructífera trayectoria dio vida a obras célebres como “El perseguidor”“Historias de cronopios y famas” o “Bestiario”. Pero si hay una que ha le valió su fama internacional por encima de todas fue “Rayuela” (1963) con traducciones en 30 idiomas diferentes.
La “contranovela” como solía llamar Cortázar marca un antes y después en el modo de entender la literatura. En un laberinto que ofrece al lector múltiples salidas, visiones de una misma novela; creando además un nuevo lenguaje, el glíglico, que comparten como juego exclusivo los enamorados.
Tal es la trascendencia de su legado que las historias de Cortázar llegan hasta nuestros días como perfecta adaptación cinematográfica. Este es propósito del cineasta Julio Ludueña, quien además tuvo la fortuna de conocer personalmente a Cortázar.
Ahora las “Historias de Cronopios y de Famas”, dan el salto al cine – ya ganó el Segundo Premio Coral de Animación Festival Internacional de La Habana – honrando en animación la figura de la leyenda centenaria.
Cristina Grao Escorihuela
Redacción
Fotografías de la exposición "A LA SOMBRA DE RAYUELA" del Colectivo Arttefacto

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viernes, 22 de agosto de 2014

En protesta por la tasa del préstamo de libros de Wert


Desde El Colectivo De Artistas ARTTEFACTO instamos al Pleno Municipal los siguientes puntos:

1) Que el Pleno Municipal de El Casar solicite al Gobierno de España que declare a las bibliotecas públicas municipales exentas del pago por préstamo, atendiendo la posibilidad recogida en el artículo 5.3 de la Directiva 2006/115/CE (antes Directiva 92/100/CEE) sobre derechos de alquiler y otros derechos afines a los derechos de autor en el ámbito de la propiedad intelectual.

2) Que manifieste su rechazo y disconformidad con el establecimiento de una tasa por préstamo en bibliotecas públicas, y solicite al Gobierno de España a pedir la derogación de la Directiva europea que lo regula, a sabiendas de que esa reglamentación provoca igualmente el rechazo de otros países europeos.

viernes, 1 de agosto de 2014

La música, puente del compromiso social. Opinión de Vicenç Navarro

Aunque hoy en día la música adquiera mayor protagonismo en un contexto ocioso, basta echar la vista atrás para ver como la música ha marcado hitos en la historia política. Bien uniendo en un mismo sentimiento a distintos  colectivos que expresaban a través de la canción protesta su descontento o también como instrumento propagandístico de gobiernos y regímenes. 
Podemos como sugiere el catedrático de Ciencias Sociales Vicenç Navarro recuperar su valor como elemento de identificación, puente del compromiso social. 
El contexto político de la música. 
En artículos anteriores he acentuado la sorpresa que me produce la falta de canciones en las manifestaciones que hay en España contra las políticas impopulares impuestas por los partidos gobernantes. A lo largo de mi vida he tenido que vivir en varios países (Suecia, Reino Unido y EEUU), participando frecuentemente en movilizaciones que exigían derechos sociales, políticos y laborales.

En todas ellas, los participantes cantaban canciones que celebraban situaciones o eventos que habían inspirado luchas anteriores, estableciendo así una línea de continuidad con causas anteriores. Es más, al cantar conjuntamente, la multitud establecía un sentimiento de solidaridad y de sentir colectivo, hermanándose a través de la emotividad.
En España, en cambio, no hay canciones en las movilizaciones. En su lugar, hay pitidos y silbidos que parecen estar encaminados a hacer ruido, algunos francamente desagradables incluso para los propios manifestantes.
Estas notas introductorias sirven como prólogo a los comentarios que me sugiere el libro Venceremos, escrito por Gabriel San Román, sobre la canción como arma política, refiriéndose a la experiencia chilena. Uno de los mayores privilegios que he tenido en mi vida fue asesorar (en sus reformas del sistema sanitario) al gobierno de la Unidad Popular presidido por el Presidente Allende. De ahí que siempre haya tenido una atención especial hacia lo ocurrido en aquel país.
La experiencia de la Nueva Canción chilena
En el libro, San Román señala la importancia que las canciones populares tuvieron para mantener una cultura de compromiso y militancia que llevó a la victoria de la Unidad Popular. En realidad, la Nueva Canción, enraizada en la vieja canción chilena, tuvo un enorme impacto, no solo en Chile, sino en todo el continente latinoamericano.
Esta Nueva Canción fue iniciada por cantautores como Violeta Parra (1917-1967), que viajaron por todo Chile, incluyendo las partes más remotas del país, recogiendo las canciones populares fruto de las luchas constantes del campesinado y del movimiento obrero frente a la continua opresión. Aquellas canciones reflejaban un sentimiento de dedicación y compromiso, como parte de un sueño que los pueblos deseaban, luchando para que se convirtiera en realidad. Eran unos cantos al amor, a la esperanza, a la solidaridad y a la libertad.
Esta búsqueda y elaboración de las canciones enraizadas en la cultura popular ocurrió en los años 50 y 60, estimulada en esta última década por el deseo de contrarrestar la invasión de Elvis Presley y The Beatles en América Latina, procedentes de EEUU y de Europa. Era necesario y urgente —dice San Román— que se desarrollase una canción identitaria que contrarrestara la invasión anglosajona. Así surgieron Inti-Illimani y Quilapayún, que se extendieron por toda América Latina y por el mundo. Era una música comprometida, revolucionaria, no solo en el estilo, sino en su contenido y en su contexto.
La importancia de desarrollar una cultura musical propia y alternativa
Fue en los años setenta cuando la Nueva Canción se convirtió en el lazo que unía a socialistas, comunistas y cristianos de izquierda en Chile, alianza que jugó un papel clave en la victoria del gobierno de la Unidad Popular. Víctor Jara fue su cantautor principal. Y el gobierno se sintió completamente identificado con esta cultura. En realidad, era un producto de ella. El fortalecimiento de las clases populares significó una gran amenaza para las fuerzas reaccionarias que controlaban el país. Y la Nueva Canción era claramente su enemigo.
De ahí su brutal represión, asesinando a sus máximos exponentes, como el propio Víctor Jara. Y la dictadura comenzó con su brutal y sangrienta campaña de intento de eliminación —como ocurrió en España— de las izquierdas y fuerzas progresistas.
Lo que es interesante es que esta Nueva Canción se convirtió, de nuevo, en el intento de recuperar la memoria histórica, de una manera espontánea, a nivel popular, que apareció sin apoyo gubernamental, cuando la dictadura terminó. En España, los gobiernos democráticos han abandonado también cualquier intento de recuperar la cultura republicana y la cultura popular, que existieron también durante la resistencia antifascista. El desinterés en esta recuperación por parte de los distintos gobiernos, incluyendo sus Ministros de Cultura (Jorge Semprún inclusive), es escandaloso. Y así estamos.
En las marchas reivindicativas, pitidos y más pitidos, y ninguna canción. En realidad, dicha cultura es menospreciada, viéndose como “política” y/o “ideológica”. Y mientras, las canciones de distracción e irrelevancia dominan el panorama musical del país.
Vicenç Navarro
Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales